Opinión: Desfallecimiento demócrata

Una vez concluya este martes el proceso electoral en Estados Unidos, conoceremos las verdaderas dimensiones del desencanto político contra el Gobierno que, en…

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

2 nov 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Una vez concluya este martes el proceso electoral en Estados Unidos, conoceremos las verdaderas dimensiones del desencanto político contra el Gobierno que, en los últimos años, viene manifestándose al interior de la sociedad norteamericana.

Para estas elecciones, los pronósticos prevén una disminución considerable en la fuerza del institucional Partido Demócrata que pudiera llevar a esa colectividad a perder la mayoría legislativa en el Senado y algunas de sus importantes gobernaciones estatales, colocando al sector republicano en una posición de fuerza de cara a los comicios presidenciales de 2016.

Tal augurio no debe tomar por sorpresa a nadie, toda vez que bajo la dirección política de los demócratas la sociedad estadounidense no ha logrado superar la crisis económica que le ha acechado y que, por consiguiente, ha elevado los índices de desigualdad social y pobreza. Y ni hablar del efecto electoral que tiene para los políticos demócratas la flaqueza mostrada por el presidente Barack Obama para hacer cumplir algunas de las principales promesas del Gobierno, en particular lo concerniente a la ley para reformar el sistema de inmigración de su país.

Asimismo, la política militar estadounidense asumida por Casa Blanca también será un detonante contra el voto a favor de los demócratas, por estos haber ejercido un rol intervencionista a la usanza de las estrategias de su opositor Partido Republicano, violentando su promesa de practicar una postura distinta frente a la comunidad internacional.

Mas lo que parece significar el mayor desfallecimiento del poder demócrata es la desidia con que el Gobierno se ha acercado a trabajar el creciente problema de inequidad social que conduce cada vez más a una aguda polarización de la sociedad.

Durante los últimos años, Estados Unidos ha visto crecer sus índices de pobreza y, según un estudio realizado por el Instituto de Economía Global y Desarrollo, millones de estadounidenses viven con menos de dos dólares al día, una cifra muy por debajo de la línea de pobreza oficial de ese país que, desde la oficialidad del Gobierno, se estima a razón de 16 dólares diarios.

Las estadísticas sociales de esa nación reflejan que la crisis de la pobreza es un problema latente que requiere de una reconceptualización de políticas públicas, una mejor distribución de las riquezas y un reenfoque en la balanza de los intereses económicos. Por ejemplo, un informe publicado en septiembre de este año por el Instituto Brookings de Washington mostró que cerca de 10 millones de habitantes en Estados Unidos viven al margen de la economía monetaria. El estudio, conducido por el investigador Laurence Chandy, evidenció, además, el desconocimiento que existe en ese país sobre el problema de la pobreza que actualmente afecta a 46 millones de estadounidenses, quienes “son capaces de subsistir casi sin ingresos gracias a los servicios sociales”.

No hay duda de que el problema de la desigualdad social se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la política de Estados Unidos que, bajo la administración gubernamental de los demócratas, se ha agudizado.

En ese sentido, la ciudadanía de ese país ha desvanecido sus esperanzas en los políticos de carrera y la ilusión que pudo haber representado Obama y los congresistas demócratas se ha ido disipando con el paso de los años, hecho que quedará cristalizado en los resultados del evento electoral del martes.

Lo peor de este escenario es que, bajo la configuración electoral de esa nación y el dominio absoluto del bipartidismo, el descenso del poder demócrata viabilizará el triunfo político del representante más atroz del neoliberalismo en Estados Unidos, encarado en los líderes del Partido Republicano. Con el poder del republicanismo la crisis social estadounidense acrecentará y de eso serán responsables todos los que, al interior del tablero político de ese país, apuestan a la sociedad de libre mercado y a la desreglamentación de la economía.

Vea también estas notas:

  1.  
  2.