Opinión: Reforma, maldita palabra
Ya lo he dicho antes. La palabra reforma es la más prostituida en el debate político.
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Ya lo he dicho antes. La palabra reforma es la más prostituida en el debate político.
Desde que tengo uso de razón, he escuchado que todo, de alguna u otra forma, se ha reformado en varias ocasiones: el sistema de salud, la educación, el andamiaje contributivo, las leyes electorales, el código penal, el código civil y mucho más.
Sin embargo, a pesar de numerosas “reformas” en los pasados treinta años en Puerto Rico, por tomar un periodo, seguimos buscando un modelo de salud pública que funcione, un sistema educativo eficiente, se mantiene alto el nivel de inseguridad pública y hay un desorden institucional en todos los niveles, en el campo público y en el privado.
Así que, si de poner etiquetas se trata, recomendaría a los políticos que dejaran a un lado la palabra reforma de una vez y por todas y procurar más la palabra revolución.
Revolucionen las cosas, cambien radicalmente los esquemas que no funcionan y plantéenlo así, sin miedo.
Esta semana hemos escuchado de otra reforma contributiva, que, de nuevo, viene a cambiar la forma en la que el Estado recauda sus ingresos. Estos cambios supondrán lo que desde hace casi una década vienen advirtiendo los economistas: el IVU no es eficaz y hay que sustituirlo por un IVA. Hemos estado por casi 10 años recaudando solo la mitad de lo que se debe recaudar, debatiendo estrategias de fiscalización, como el IVU Loto que no han funcionado, y ahora terminaremos en la orilla que tanto nos advirtieron. Ya veremos qué es lo que produce esta reforma, más allá de la pelea por protagonismos que hemos visto esta semana entre Jaime Perelló y La Fortaleza.
En el campo de la seguridad pública se debaten esta semana enmiendas al Código Penal. En mi carrera periodística he visto a este perro morder varias veces. En los pasados 10 años, este documento, que marca la pauta en nuestro sistema judicial/penal, ha sido traqueteado una y otra vez conforme a la filosofía de la administración de turno o, en este caso y tomando en cuenta que el gobernador ha desautorizado algunos de los cambios propuestos, de algunos en el poder. Durante la presentación de las nuevas enmiendas, recientemente pregunté a los legisladores que dirigen el proceso qué harían para que en esta ocasión el esfuerzo no fuera en vano y lo que ahora se realizara tuviera continuidad. La respuesta fue que habría un diálogo con la minoría, pero me recordaron que ellos estaban en el poder y que para esto estaban las mayorías, para aprobar cosas. Así que en el próximo cuatrienio o en el otro veremos la próxima reforma al código penal, para desgracia de todos.
En el campo de la educación se está discutiendo en el Senado otra reforma educativa. Académicos y funcionarios del Departamento de Educación han desfilado por el salón de audiencias que preside Eduardo Bhatia, himself, junto con la senadora Maritere González, la del distrito de Mayagüez y que preside la comisión con jurisdicción en el asunto. Sin embargo, no hay un proyecto radicado. Lo que hemos visto en estos días ha sido un proceso sin dirección. La discusión que allí se ha generado podría compararse con las que se realizan, entre copas, en restaurantes o en el anfiteatro de cualquier universidad con resultados muy anticipados, sin consecuencias. La sesión legislativa avanza y nada concreto se produce.
Ahora bien, apúntelo, la reforma que sí se aprobará sin dilación es la electoral. Ya ha visto usted que se ha anunciado con una convicción extraordinaria, que el documento está listo para radicarse. Eso sí es urgente. Los de la mayoría la defienden con uñas y dientes, y los de la minoría la atacan con una intensidad increíble. Eso sí es importante, porque ahí ellos se juegan su empleo. Lo demás seguirá, de reforma en reforma, prostituyéndose.
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