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title: "Opinión: De las brujas a Santa Clos"
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canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2014/10/29/opinion-de-las-brujas-a-santa-clos"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2014-10-29T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-21T05:37:07.637Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: De las brujas a Santa Clos

_Generalmente, trato de ser una persona práctica con esto de las fechas especiales y resiento un poco las presiones que conllevan. Me pone loca la gente con las…_

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2014-10-29T03:00:00.000Z

Generalmente, trato de ser una persona práctica con esto de las fechas especiales y resiento un poco las presiones que conllevan. Me pone loca la gente con las compras, las filas en las cajas registradoras, la falta de estacionamiento en el centro comercial, los shoppers interminables en los periódicos y los escasos espacios en el salón de belleza.

Hay una clara excepción a la regla y se trata del aniversario de bodas. Lo he consultado con otra gente normal y al parecer no estoy tan mal. Al parecer para esas fechas a un buen número de mortales nos entra un poco de necesidad de validación y pretendemos que nuestros aniversarios sean buen momento para ello. Con el tiempo uno aprende a validarse distinto. O se invalida del todo. Todo depende.

Pero la necesidad de ir de fecha especial en fecha especial es grande. Por ende, de ansiedad en ansiedad.

Tengo una amiga que el otro día colocó en su página de Facebook el conteo regresivo para Navidad. Comenzó con el día 100. Y la cantidad de mensajes y comentarios compartiendo su alegría eran montones. Y yo hasta me sentí mal. Porque vi el número y me entró un ataque de pánico. ¿Cien días? ¿Tres meses? ¿En serio? ¿Se me está acabando el año? Reacción un poco absurda teniendo en cuenta que 100 días es el equivalente a un poco más de una cuarta parte del calendario.

Técnicamente, te queda una buena cantidad de año. Técnicamente, son 2,400 horas. ¡Técnicamente, es una eternidad! Al menos para una persona productiva.

Pero a mí me dio terror, olvidando que antes de la Navidad venían mis vacaciones, el cumpleaños de mi esposo, nuestro noveno aniversario de bodas, mi noche (perdón, la Noche de Brujas), el cumpleaños de mi hermana, el nacimiento de un nuevo sobrino,  Acción de Gracias, todo eso.

Es como si el conteo regresivo me hubiera obligado a darle fast forward a la vida al menos mentalmente. Quizás hay un poco de eso en nuestro alto grado de ansiedad festiva. Tener esos momentos para pasar rápido la cotidianidad.

Tampoco te ayuda entrar a las tiendas. El mismo día que el reloj del Ho-Ho-Ho de mi amiga se mostraba en su página, una gran tienda por departamentos me dio una bofetada con mostrarme las primeras guirnaldas de Navidad. Sí, al lado de las máscaras, de las brujas y de las calabazas de Acción de Gracias.

No estoy ni muy segura de cómo se supone que uno digiera todo eso a la vez. Pero aun quedando una semana para el día de Halloween, ya empezaban a colocársele al lado los adornos navideños. Las pobres calabazas  y los pavos hay que buscarlos pasillo adentro.

Soy de las que en Halloween llega temprano a su casa y se encierra con el aire prendido y el home theater en high para no escuchar cuando tocan a la puerta. No porque no quiero, sino porque SIEMPRE se me olvida sacar tiempo para comprar dulcesitos. Quizás es porque en casa nunca tuvimos tradición del trick or treat.  Y porque las pocas veces que me acuerdo, entonces no va nadie y me quedo espetá con cuatro bolsas de chocolates.

Con lo que han cambiado las cosas, no estoy tan segura de que los niños aprecian mucho los dulces de todos modos. Quizás me equivoco. Estoy fuera de forma en ese departamento. A veces pienso que hasta han cambiado el “dame dulces, no maní”. Por lo menos a mi sobrino si le cambias el dulce por $20, te lava hasta el carro.

Al momento de escribir esta columna faltarán 57 días para la Navidad. Y me gusta ver ese proceso a mi modo. Con calma, con expectativa, pero sin estrés. Un evento a la vez, aunque las bombillas me salgan más caras. Que me dé tiempo a reírme de las ocurrencias del Día de Halloween, aunque personalmente no patrocine la fiesta, que me dé tiempo y me disfrute el Día de Acción de Gracias como lo que es, para dar gracias, sin que me importe mucho si comí pavo o comí lechón. Claro, que si como ambos, mejor.

Muchas veces llega la Navidad y aún me faltan regalos porque no pienso mucho en ellos ni son mi prioridad.

La ansiedad colectiva de ir atropellando días festivos a veces no nos deja pensar en su verdadero significado. Yo voy a mi paso, aunque se me acabe el año.

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