Opinión: Nada es para siempre
Nada es para siempre y con eso en mente entré a este complicado mundo laboral de las comunicaciones.
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Nada es para siempre y con eso en mente entré a este complicado mundo laboral de las comunicaciones.
Aunque desde siempre supe que sería periodista de medios electrónicos, porque eso era lo que me gustaba, hay que tener ambiciones en otros campos. Desde el primer día que pisé el estudio de Las Noticias Teleonce, en 1996, me dije: “Esto tiene tiempo de caducidad y debo prepararme para la salida”. Por eso, cuando las redes sociales dieron a conocer que el patrono había puesto el candado de lo que fue el lugar donde estaban los periodistas de mayor experiencia televisiva en el país y de donde han salido decenas de comunicadores a posiciones internacionales, me dolió en el alma por tantas luchas y sacrificios. Sin embargo, la decisión de silenciarnos no me sorprendió porque estábamos muy mal en términos de producción debido a la carencia de recursos. Los tiempos aquellos en que viajábamos para coberturas internaciones o teníamos la libertad para levantar el primer helicóptero de Las Noticias Teleonce para llegar primero que la competencia e informarles a ustedes son cosa del pasado. No me aferro a lo que fuimos, pero sí me lamento por lo que pudimos haber demostrado en los años venideros.
Cuando llegué al estacionamiento de la estación a recibir la nefasta carta, observé a lo lejos una nube de periodistas. En medio de la tempestad y el aturdimiento, me consuela saber que un par de ellos habían sido mis estudiantes y, como en mi aula se enseña el respeto y la cortesía, decidí atenderlos. ¡En fin! Serán siempre mis compañeros de lucha en la calle y no importa si precisamente por no conseguir trabajo donde quisieran se han dedicado al chisme y el cotilleo. En una respuesta a lo que pensaba sobre el cierre laboral, exterioricé cuán lamentable era esta situación sobre todo para los padres de familia, pero también pensé en los cientos de jóvenes que se esfuerzan día a día para ser periodistas y trabajadores de los medios de comunicación social.
En un zarpazo reflexioné sobre la frustración e impotencia que me causaba enfrentarme a los cientos de estudiantes que ahora se les cierra otro taller laboral. Me pregunté qué les diré a mis estudiantes. Luego de botar el golpe de que no estaría en la sala de su hogar por 18 años sin interrupción y dos en la zona oeste del país, tengo que decirles que esa pantalla no lo es todo en la vida y que uno puede aportar de diversas maneras a la sociedad. La cátedra es una de ellas para contribuir a desarrollar el libre pensamiento crítico. Por eso me preparé intelectualmente y desde el 2003 decidí incursionar en esa faceta que me da tantas satisfacciones.
A los estudiantes les digo que este cierre de taller no significa que no van a conseguir empleo. No pueden estar con ese pensamiento, porque el que quiere algo y es bueno lo consigue. Tienen que seguir estudiando y que sus teclados sean tan firmes como su pensamiento. Que cada letra que escriban tenga el objetivo de fomentar la opinión pública. No podemos sentarnos a lamentarnos. Tenemos que seguir aportando, aunque sea desde otros frentes por el momento.
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