Horas y horas de tensión tras estallido

Como editora de la página interactiva de un periódico de circulación general, vivía on call así como viven los doctores para en caso de emergencia poder…

Por Lynet Santiago Túa @lynetonline

21 oct 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

Como editora de la página interactiva de un periódico de circulación general, vivía on call así como viven los doctores para en caso de emergencia poder publicar de inmediato.

Recuerdo como hoy ese 23 de octubre de 2009. Eran como las 12:30 de la medianoche, y recibí una llamada de mi exjefe, que con voz desesperada me decía:  “Averigua qué pasó, porque parece que un avión o algo cayó en Cataño. No sé lo que es, pero tuvo que ser algo bien grande porque se escuchó bien fuerte”.

En aquel entonces, él vivía en Marina Bahía en Cataño. “A esa hora, ¿a quién voy a llamar?”, pensé.

Se me ocurrió buscar en las redes sociales, específicamente en Twitter —que para ese entonces muchos periodistas no la utilizaban—, y ¡bingo!

Gracias a los relatos de ciudadanos encontré que no se trataba de un avión que se había estrellado, ni un meteorito, ni nada similar… Lo que sucedió fue la explosión de la Caribbean Petroleum Corporation (Capeco).

Una explosión que puso a prueba a las autoridades, la seguridad del Estado y los medios de comunicación masiva.

Fue gracias a las redes sociales que pude ilustrar la noticia con imágenes fieles capturadas por los mismos ciudadanos que estaban en ese momento cerca del lugar de los hechos.
Así se publicó el inesperado suceso, casi inmediatamente.

Para mi sorpresa, el portal colapsó por tanto tráfico de gente buscando información sobre lo sucedido. Más adelante, agraciadamente, se restauró. En el interín, las redes sociales fueron nuestra plataforma de actualización.

Ciertamente, jamás olvidaré que trabajé en esta cobertura noticiosa durante más de 24 horas ininterrumpidas, actualizando minuto a minuto.

Las llamadas de colegas eran interminables, una detrás de otra, para ofrecer información más precisa desde el lugar de los hechos, con detalles y entrevistas desde todos los ángulos, entiéndase la parte humana, corporativa y ambiental.

Fueron muchas horas de tensión, pero, afortunadamente, no hubo muertes, aunque cientos de familias tuvieron que ser trasladadas a otros pueblos por el impacto ambiental.

El trabajo no fue en vano, meses más tarde las organizaciones de prensa reconocieron la labor