A cinco años de explosión en Capeco, la EPA continúa monitoreo

Aunque ya han pasado cinco años de aquella explosión en la antigua refinería Caribbean Petroleum (Capeco) en Bayamón que estremeció a la Isla y puso a prueba a…

Por Sarah Vázquez @SarahFVazquez

20 oct 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Aunque ya han pasado cinco años de aquella explosión en la antigua refinería Caribbean Petroleum (Capeco) en Bayamón que estremeció a la Isla y puso a prueba a las autoridades ante una emergencia ambiental, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) se mantiene monitoreando los terrenos que ahora pertenecen a la empresa Puma Energy Caribe LLC.

El ingeniero José Font, director de la División Ambiental del Caribe de la EPA, detalló que, ante un evento como lo fue la explosión del 23 de octubre de 2009, los trabajos son a largo plazo y en este momento la agencia se encuentra en la etapa de monitoreo de “ciertas zonas de las instalaciones”.

“Esto es una limpieza a largo plazo. Primero hubo la situación de emergencia que pudiera representar un riesgo inmediato a la salud pública y esto se estuvo trabajando hasta que cambió de dueño las instalaciones. En ese momento se hizo ese trabajo bajo OPA (Oil Pollution Act) que era quien proveía los fondos federales y el costo fue de $10.7. Esto fue de 2009 a 2011, cuando se llevaron a cabo los trabajos de respuesta inmediata,  mitigación y comenzaron los trabajos de limpieza en toda la instalación”, relató el ingeniero.

Font precisa que en este momento “ya esto está en las postrimería. Ya para todos los efectos cuando tú estás en etapa de monitoreo, ya los trabajos terminaron y lo que estás es cerrando tus operaciones de limpieza y asegurando que los controles que pusiste en  su sitio son adecuados y que cumplen el objetivo”. Sin embargo, no supo precisar cuándo se dejará de monitorear. “Los monitoreos dependen de los resultados que se van encontrando”.

No hubo efectos adversos

Durante el momento de la emergencia fueron muchas las interrogantes que se levantaron sobre el daño que podía generar a la salud tanto a corto como a largo plazo la explosión. Ante esto la EPA colocó monitores de aire en la comunidad de Puente Blanco —que es la más cercana— y, según Font, nunca se excedió de los parámetros que podrían provocar “efectos adversos”.

“Este es un evento en el que se quemó combustible a temperaturas bien altas en el que hubo un columna de material particulado que en su momento máximo subió a cinco mil pies de altura. Ya a esa altura la dispersión, dada de la cercanía a la costa, no representaba un riesgo a los residentes, pero una vez fue controlándose el fuego, que se pudo extinguir en tres días, que mermó pues la dispersión pudo afectar las comunidades. Fue por esto que se hizo el monitoreo en todo momento desde el primer día. No excedió los valores que se pudieran esperar efectos adversos”, aseguró el ingeniero.

El gran reto de la emergencia

Para Brenda Rivera, directora de prensa de la EPA, uno de los mayores retos durante el manejo de la emergencia fue mantener al tanto a la comunidad de Puente Blanco para asegurarle “su paz y su tranquilidad”.

“Fue un gran reto tocar puerta por puerta con la información y llevarle el mensaje de manera sencilla” dijo Rivera al detallar que son unas 500 familias en esta comunidad.

La lección que dejó la explosión

Para Rivera y Font, quedó evidenciada la importancia de tener personal capacitado en todas las agencias para manejar este tipo de emergencia y la necesidad de llevar la información a los afectados de forma directa.  

“Ante eventos de esta magnitud, hay que tener planes de antemano y estar seguros de que el personal está entrenado y establecer quien tiene jurisdicción primaria y quien toma las decisiones”, sentenció el ingeniero al tiempo que agregó que todo estriba en la coordinación.

Por su parte, Rivera enfatiza en la necesidad de que se mantenga informada a la ciudadanía. “Se tiene que llegar a ellos con la información directa, bien digerida y con datos”, concluyó.

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