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title: "Opinión: Arroz con corned beef"
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canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2014/10/15/opinion-arroz-con-corned-beef"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2014-10-15T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-21T07:01:44.954Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: Arroz con corned beef

_En estos días estaba buscando qué almorzar en un restaurante al norte de Argentina —casi frontera con Bolivia-— y, cuando empecé a ver el menú que decía “bife…_

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2014-10-15T03:00:00.000Z

En estos días estaba buscando qué almorzar en un restaurante al norte de Argentina —casi frontera con Bolivia-— y, cuando empecé a ver el menú que decía “bife de llama”, “milanesa de llama”, “cazuela de llama”, me pregunté en silencio: “Mano, ¿aquí no habrá corned beef?”.

No, no había corned beef.

Y yo tampoco quería quedar en evidencia pública ante el resto de los acompañantes de la excursión, para quienes decir “llama” era un automático iluminador de ojos. Y para no quedar como una inculta, poco aventurera o party pooper, abrí los ojos bien grandes y dije: “Sí, sí, tráeme llama”.

El día antes fuimos a un restaurante en el que había pinchos de llama, pero, para disimular que no podía bregar con la nueva idea gastronómica ante mí, opté por unas empanaditas de llama, sabiendo que en ese plato la carne es más mínima y podía cualquier cosa darle unas vueltitas en la mesa sin que nadie notara si no me gustaba.

Pero ese día ya no tenía alternativa. Y me pedí la cazuela por una razón básica. Venía con arroz. Y en caso de que no me gustara, boom!, con revolcar un poco el arroz entre las zanahorias y las papas “engañaba” a media mesa. Y yo, boricua, fan del arroz. Pero en lo que el plato llegó a la mesa, mi mente estaba puesta en el corned beef. Yo no sé qué “demontre” tiene el corned beef, pero, como las salchichas Carmela, nadie sabe exactamente qué son, pero al que le gustan le gustan con pasión.
 Haga el ejercicio. Pregunte a sus amigos qué es el corned beef. Casi nadie sabe bien. Me han dicho cerdo, vaca, pollo… Una vez me dijeron caballo.

El corned beef, como lo come la gente común en Puerto Rico, es el enlatado con la llavecita loca esa que uno nunca encuentra o rompe a mitad de abrir. Haga un segundo ejercicio. Pregunte cuál es el mejor modo de cocinarlo. La gente le dirá que con maíz, que con papas fritas, que con amarillos, que con aceitunas, que con vegetales, hasta con pasas. A mí, personalmente, me importa poco con qué se cocina el corned beef. Pero siempre tiene que ir acompañado de arroz blanco, granosito y con tocino. Si hay aguacate, llamen a Jenny Craig.

Es que no hay cosa más rica. Antes se le consideraba comida de pobre. Pienso que debe ser por el origen del alimento que se remonta a las épocas de guerras, cuando abundaban las latitas de carne de ternera cocidas en sal y vinagre para prolongar su preservación. El término corn, de hecho, viene de “grano de sal”. Y si a esa cosa le metes un huevo arriba, que me perdonen los conocedores, pero yo lo prefiero a una langosta a la parrilla.

Tengo un cuñado que, si le preguntas cuál es su plato favorito, te dice que corned beef, arroz blanco y chuletas. Ese gusto siempre me ha retado. Pienso que, al terminar de comer todo eso, tienes que comerte una fattaché, una carbo-trap y un diurético, todo a la vez. Y haber hecho reservaciones en el baño del sótano de la casa.

Comer corned beef me trae recuerdos del colegio y de cómo mi reloj se adelantaba psicológicamente cuando veía en la pizarra que ese día comeríamos carne de latita. Me recuerda a mami cocinándonos eso porque era rápido, había hambre y teníamos que estudiar. Cuando yo me criaba, era bastante barata. De hecho, la gente decía peyorativamente: “Y yo aquí comiendo corned beef”. La persona pretendía que todos tocáramos violín en solidaridad por su alegada desgracia y yo en mi mente pensaba lo afortunada que era y casi bailando con tambores.

Ahora no, porque cuando se decretó la veda al corned beef proveniente de Brasil, entramos en más histeria colectiva que cuando se decretó el primer caso de ébola en América. Recuerdo a mi amigo Rubén Sánchez casi llorar al mando de los micrófonos de Univisión Radio, y de ahí salió toda una cadena y mensajes de texto de gente desconsolada ante la escasez.  Durante la veda, una latita de esas te salía en un ojo de la cara y la mitad del otro.

Al final, en Jujuy, Argentina, la llama me resultó bastante económica. Para mi sorpresa también me resultó muuuy rica. Y bastante saludable dietéticamente hablando, pues tiene menos colesterol que la carne de res, aunque te la comas fantaseando que terminarás escupiendo.

A medida que me comía un bocado se me iba olvidando el corned beef, al menos en ese momento. Ahora que mis vacaciones están terminando y apreciando lo brutal que es comer en este maravilloso país, no quiero llegar a Puerto Rico y besar el suelo. Quiero llegar a Puerto Rico y comer arroz con corned beef.

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