Opinión: Ni de queso ni con melao

Dice el refrán que “la luna no es de queso ni se come con melao”. En nuestro contexto político el refrán aplica, entre otras cosas, a la forma en que el…

Por Denis Márquez Lebrón

2 oct 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Dice el refrán que “la luna no es de queso ni se come con melao”. En nuestro contexto político el refrán aplica, entre otras cosas, a la forma en que el Partido Nuevo Progresista ha querido proyectar y controlar la percepción general sobre las más recientes actividades por ellos convocadas, supuestamente dirigidas a adelantar la estadidad. Aplica igualmente a la bola de humo que desde Fortaleza el Partido Popular lanza constantemente mientras fragua su comité de campaña de cara a las próximas elecciones, argumentando que las aparentes renuncias por razones personales son propias de los cambios típicos de mitad de cuatrienio.

La realidad es que muy temprano en este cuatrienio comenzó la lucha por las candidaturas en el PNP, y sus diversas convocatorias a actividades y propuestas sirven a los potenciales candidatos como punta de lanza para sus campañas particulares. Los populares, por su parte, intentan infructuosamente esconder lo obvio: que utilizan la estancia/pasadía en Fortaleza como trampolín para recompensar a sus allegados y crear su comité de campaña  con el aval y la bendición de los alcaldes del PPD.

Y mientras el llamado liderato de estos partidos se reparte sus candidaturas y nos trata de convencer en el camino de que lo hace de forma e intención “progresista” y “democrática”, como apellidan a sus entidades, ¿qué pasa con el país? El país se nos sigue cayendo encima, “el país se nos cae en cantos”, como, lamentablemente, se suele decir. Se acrecientan los problemas del sistema educativo; el desastroso precipicio de la situación económica y fiscal; la violencia de género que arropa al país protagonizando nuestra vida impunemente y sin promesa de visión alguna que ayude a atajarla; de miles de puertorriqueños abandonando la isla en busca de posibles alternativas que no encuentran aquí. No parecen ni siquiera asomarse políticas de visión y con sentido encaminadas a soluciones profundas y concretas. Tenemos una bancarrota política, económica y social.

Las asambleas de fanfarrias, gritos y empujones convocadas por los distintos sectores del PNP tienen el propósito de hacerle creer al país, y particularmente a la militancia estadista, que la estadidad es posible y está a la vuelta de la esquina como una estrategia para aglutinar eso voto de cara a las próximas elecciones. No tiene otro propósito, ya que su liderato sabe desde hace mucho tiempo que la estadidad es un fantasma, y que mientras más se acercan más se alejan.

El PPD, por su parte, nos tiene incómodamente a la espera de una posible propuesta para un posible plebiscito colonial. Se obstina en querer revivir el insepulto cadáver del ELA, rechazado ya por la mayoría de nuestro pueblo.

Si realmente hay interés y deseo de adelantar la solución del estatus, la obligación es, además,  definir claramente las opciones, provocar con ellas al círculo de poder en Washington. Utilizar el mecanismo de la asamblea de estatus que nos permitirá llevar un mensaje de cumplimiento con el mandato del país claramente expresado en el 2012 de que NO queremos continuar viviendo en una colonia. Lo otro, los plebiscitos de resucitación colonial y las asambleas o convenciones, los llamados planes Tennessee, para empujar fantasmas, solo servirán  para adelantar intereses electorales y particulares: es seguir mirando a la luna, que ni de queso ni con melao. Lo que necesitamos es tener los pies bien puestos sobre la tierra y comenzar un honesto y verdadero proceso de descolonización.

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