Opinión: Un cafecito entre políticos y periodistas

Suena el teléfono en la grada asignada a la prensa en el Capitolio. “Buenas tardes. ¿Qué tal si nos tomamos un café?”. Me asomé por el cristal de protección…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

23 sept 2014, 11:00 pm 4 min de lectura
Opinión: Un cafecito entre políticos y periodistas

Suena el teléfono en la grada asignada a la prensa en el Capitolio. “Buenas tardes. ¿Qué tal si nos tomamos un café?”. Me asomé por el cristal de protección para ver al osado. La invitación vino de un político a la periodista, y ni piense que se debe a encantos femeninos, más bien se trata de gustos por información publicada.

“¿La acepto o la rechazo?”, me pregunto. “¿Pueden ser los periodistas amigos de los políticos?”. 

Una contestación diplomática pero abierta sería: “No puedo porque tengo mucho trabajo”. Una contestación astuta pero no sincera ni ética sería: “Depende de la información que me dé a cambio”.

Una contestación inteligente basada en la ética sería: “Debo tener cautela porque no hace falta dar de comer a los periodistas a cambio de publicación o de ocultar información”.

Escoja usted la respuesta adecuada y luego me cuenta si pudo dormir bien. Vamos a ver si entendemos bien. No estoy hablando del periodista que saluda con respeto y cortesía. Tampoco estoy hablando del que tiene buenas fuentes de información en la política y se reúne o recibe una llamada donde se le brinda información delicada que luego es corroborada por otras fuentes antes de la publicación. De lo que estoy hablando es de los que aceptan la invitación al café y luego deben el alma.

Piensan que son panas de fulano y mengano al punto de participar en sus jaranas y aparecen retratados luego en Facebook.  A esos les digo que hace tiempo aprendí que en la política no hay amigos, ni siquiera entre los mismos políticos. Si no lo cree, el tiempo le dirá o el escándalo eventualmente hablará. Solo recuerde por unos instantes algunos de los casos más notorios en los que varios políticos estuvieron involucrados en escándalos, digamos, de corrupción.

Desfilaron por el interminable pasillo del Tribunal del Distrito Federal de San Juan solitos y cabizbajos. Mientras eran degollados como corderitos, sus “amiguitos” no aparecieron ni para darle una palmada en la espalda. Tampoco estuvieron disponibles para la prensa, y cuando algún día se los encontraron en los pasillos del Capitolio, cambiaron de inmediato la cara o solapadamente contestaron: “Todo el mundo es inocente hasta que se le pruebe lo contrario” para luego correr y encerrarse en sus oficinas.

Entonces, meses o años más tarde, cuando “el amigo político” sale de cumplir su condena, otra vez este permite que le abracen ante las cámaras de televisión aquellos que le dieron la espalda y juntos ríen a carcajadas. Ese podría ser considerado el acto más inusitado de amistad en tiempos de la mayor hipocresía.

Lo mismo ocurre con el periodista en tiempos electorales cuando todos quieren utilizarle para vender su imagen ante los medios de comunicación y le dan hasta el número de teléfono de su casa. Pero, si salen electos y se meten en líos, olvídate del teléfono; jamás contestan.

El que piense que aceptando el café le van a revelar el secreto mayor guardado tipo Garganta Profunda, así como el de Watergate, se equivoca. Hoy día no hay que ser muy inspector Gadget para destapar entuertos políticos. Yo apuesto por el respeto y la cortesía en el trato. Si usted se da a respetar, así mismo será retribuido. Las buenas maneras no significan un tratamiento informativo basado en el amiguismo. El contacto político-periodista debería ser de una obligación mutua de respeto profesional. El político debe suministrar, explicar y contextualizar la información que se le pide porque es pública y sus votantes deben conocer la verdad. El periodista debe recoger, analizar y corroborar la información dada. No es buen periodismo publicar información ofrecida sin corroborar fuentes y tampoco es justo publicar información falsa que incluso pudiera dañar la imagen de las personas involucradas.  Hay que cuidarse de entablar relaciones al margen del trabajo porque en esos momentos de relajación se pueden cometer muchos errores que entorpecen la labor y se puede caer incluso en la autocensura. En el trato diario de políticos y periodistas no se deben confundir términos, porque ambos tienen el interés y la obligación de respetarse a sí mismos. No existe un político que tenga éxito en el mundo de la comunicación sin presencia en la prensa, pero, cuidado, porque no es necesario el café.

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