Opinión: La fuerza de cara del gobernador
En los pasados días ha resonado la noticia de la renuncia de la secretaria de la Gobernación, la ingeniera Ingrid Vila. No es la primera vez que una persona en…
Por Adrián González
En los pasados días ha resonado la noticia de la renuncia de la secretaria de la Gobernación, la ingeniera Ingrid Vila. No es la primera vez que una persona en este puesto cesa sus funciones como tal. Lo vimos en el cuatrienio pasado también. Quizás la resonancia que ha tenido se debe a una suspicacia general sobre lo que pasará en Fortaleza de ahora en adelante. Todos han pensado en algún momento: “¿Y qué hará el gobernador ahora?”.
No es cuestión de atribuirle cualidades excepcionales a la Sra. Vila, pero, ciertamente, cuando el gobernador de Puerto Rico no tenía el valor para enfrentar problemas, personas o situaciones, solo su fuerza de cara, veíamos a la secretaria de la Gobernación ocupándose de la situación. La vimos reunida con la clase magisterial antes, durante y después de aprobarse la Ley 160, que desmanteló su sistema de retiro; con los empleados unionados de la Autoridad Energía Eléctrica antes, durante y después de la aprobación de la reforma energética que abrió las puertas a la privatización de la Autoridad; con los empleados de los distintos gremios de las corporaciones públicas antes, durante y después de la aprobación de la Ley de Sostenibilidad Fiscal- llamada por algunos Ley 7 de los populares —que dejó en suspenso los convenios y derechos de los trabajadores y trabajadoras, más miles de empleados transitorios en la calle—. Incluso, cuando en el inicio del curso escolar las madres y los padres de estudiantes de educación especial afectados por las medidas que tomó el ejecutivo abarrotaron el frente de la Fortaleza, fue la Sra. Vila quien los atendió.
Lo peor de la renuncia de la Sra. Vila no es el vacío que deja en Fortaleza, pues al fin y al cabo eso es problema del gobernador. El problema para el país es quien se perfila como su sustituto: Víctor Suárez, a cargo de la Autoridad de Puertos y el que finiquitó los detalles de la privatización del Aeropuerto Luis Muñoz Marín, es quien aparentemente será quien ocupe el puesto vacante. Al gobernador no le debe importar mucho, pues la privatización del aeropuerto fue uno de los asuntos que criticó durante la campaña y que luego olvidó.
Fue muy fácil prometer “villas y castillas” durante la campaña, pero otra cosa muy diferente es gobernar y cumplir con las promesas. Sabemos que las promesas operaban en el vacío, pero ahora que afronte las consecuencias y no ponga a otra persona de escudo con la ciudadanía y la prensa. Definitivamente, la imagen pública del gobernador en estos momentos no es la mejor. Solo le queda la fuerza de cara para seguir mostrando su verdadera cara.
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