Opinión: Ñame, yautía, ajos y periodistas
“¡Mira, mi santo amolll, yo quiero morir aquí con las botas puestas porque yo la agricultura la amo, la amooo!”. Con esa frase llena de un exorbitante júbilo…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
“¡Mira, mi santo amolll, yo quiero morir aquí con las botas puestas porque yo la agricultura la amo, la amooo!”. Con esa frase llena de un exorbitante júbilo me recibió don Teófilo Serrano en su impresionante finca de Adjuntas. Con aplomo y evidente orgullo me mostró las manos curtidas que transforman miles de cuerdas de terreno en cosechas prósperas para el beneficio del pueblo de Puerto Rico. Por allí en la finca me dijeron que él regala las viandas y las frutas a los que no tienen qué comer.
Se nota que es desprendido y con un corazón tan grande como la finca donde por primera vez esta periodista pisó algo mareada, pues está acostumbrada a la llanura del Valle de Lajas. El viaje no fue fácil luego de perderme y aguantar por más de tres horas y media las curvas.
Mi profesión una vez más me estaba dando la oportunidad de apreciar las hermosas montañas entre la colindancia de Adjuntas y el barrio Castañer de Lares. Desde la muerte de Antonio García López, mejor conocido como Toño Bicicleta, el 29 de noviembre de 1995 no pisaba ese lugar de verdes alucinantes. Evidentemente, el día de la muerte de Toño no me di cuenta del paisaje y mucho menos de los frutos que la tierra daba.
Don Teófilo fue uno de los 19 agricultores que desde este mes ostenta un título de propiedad por el pedazo de tierra que desde mozo labró. “En la agricultura está la vida y la esperanza de este país”, repetía como para asegurarse de que entendiéramos su esfuerzo. No es fácil sembrar en esas superficies de barrancos donde dicen que nacen los verdaderos agricultores, y para ello don Teófilo conserva su vitalidad física. Al observar los terrenos en detalle y conocer las personas que están a cargo, me pregunto quién a estas alturas y con las pretenciones que existen en este mundo va a dejar su casa metropolitana para internarse en estos montes y levantarse a las cuatro de la mañana a cultivar en barrancos. Solo los que han crecido en esas tierras de oro y saben su valor están dispuestos a ello. Pienso que por eso es que el Gobierno quiere que tengan sus títulos porque, de otro modo, estas tierras estarían carentes de siembra. Me aturde y me entristece esa respuesta pues es contradictoria al mensaje internacional de la Organización Mundial de la Salud de que todos los países deben proporcionar las herramientas para la seguridad alimentaria debido a que es la base del progreso de los pueblos y, por ende, mejora la calidad de vida, evita la pobreza y fortalece la economía.
Este fin de semana fui al supermercado y mientras me desplazaba por las repisas de verduras, frutas y viandas me pregunté cuáles serán de la finca de don Teófilo. Y como si percibiera el olor del campo de Adjuntas, escogí lo mejor, pero no encontré los ajos. Pregunté al empleado asignado a esa zona de productos y me dijo que el cargamento no había llegado de China. ¿De China? Según me explicó la secretaria de Agricultura, Myrna Comas, nuestros terrenos no son bondadosos para el cultivo de ese producto. Yo echo de menos los ajos, pero lo que echarán de menos en China de Puerto Rico seguramente no son los exquisitos productos de don Teófilo.
Tenemos que repensar sobre nuestra seguridad alimentaria. Hoy son los ajos y mañana los limones de esos que no tienen semillas. Me pregunto qué ocasionará en nuestro cuerpo esos frutos sin semillas. Vaya usted a preguntar al Departamento de Agricultura que les otorga a esas empresas que modifican genéticamente semillas millones y millones de dólares en incentivos con tal de que le aseguren cientos de plazas de trabajo para luego rimbombante gritarlo como lema de campaña electoral.
Mientras tanto, hay decenas de agricultores empobrecidos extendiendo la mano para que, luego de transcurridos 40 años, el Gobierno se apiade y les otorgue los títulos de propiedad. Pregunto si hacer experimentos agrícolas con químicos o sembradíos entre herbicidas se considera agricultura.
Ahhh, se me olvidaba. Las viandas de la finca de don Teófilo estaban deliciosas, como dicen por ahí “manjar de los dioses” y añado sin herbicidas.
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