Opinión: A llenar el vaso

Siempre que nos enfrentamos con alguna crisis, sea personal o colectiva, vamos a encontrarnos con los que van a ver el vaso medio lleno y los que lo van a ver…

Por Lily García

15 sept 2014, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: A llenar el vaso

Siempre que nos enfrentamos con alguna crisis, sea personal o colectiva, vamos a encontrarnos con los que van a ver el vaso medio lleno y los que lo van a ver medio vacío.  Los que lo ven medio vacío se están enfocando en lo que falta, en lo que se ha perdido o en lo que nos han robado.  El que lo ve medio lleno está viendo lo que todavía le queda, el potencial para crecimiento y la oportunidad disfrazada de crisis.

Excepto en raras ocasiones, soy de las que tiende a ver el vaso medio lleno, y siempre me he sentido orgullosa de esta señal de optimismo.  Sin embargo, una cita que alguien me envió esta semana me obligó a repensar mi relación con el vaso y el agua.  Las palabras citadas son de Marc Cuban, un empresario multimillonario, quien, además de ser dueño del equipo de la NBA de Dallas, los Mavericks, se ha convertido en una popular figura televisiva en EE. UU. a través del programa Shark Tank, el cual abre o cierra puertas a personas buscando mercadear  nuevos productos.

“No importa si el vaso está medio lleno o medio vacío.  Lo único que importa es que tú eres el que estás vertiendo el agua”.  Bofetada cósmica de Cuban.  El agua aquí no es otra cosa que nuestra respuesta emocional a lo que nos ocurre.  Podemos quedarnos mirando el vaso, para bien o para mal, o podemos tomar acción, ponernos creativos y comenzar a transformar la situación que enfrentamos. Las personas pesimistas puede que tengan más probabilidades de estancarse, pero no crean; los optimistas también lloran, especialmente cuando los ciegan emociones viscerales y terminan dándose cantazos contra la realidad que nunca vieron.

¿Cuál podría ser, entonces, la fórmula ganadora?  Pienso que podría ser la que incluye un balance de razón y pasión, una dosis de valentía y una pizca de humildad. Conocí en una ocasión a una joven que solo llevaba diez años en Puerto Rico. Gracias al apoyo que le dio la familia del esposo, llegaron de Cuba para comenzar desde cero.  Cuando la conocí, hacía poco que acababan de comprar una casa.

Trabajando como mesera en el mismo restaurante desde que llegó a la isla, terminó un bachillerato y estaba a punto de terminar su maestría. “Aquí se puede lograr mucho si trabajas y le pones ganas”, me dijo.  “Pero lo único que oyes por ahí es que todo está difícil y que no se puede”.  Ella pudo.  Vio el vaso medio lleno, pero decidió que no tenía que quedarse así y se ocupó de terminar de llenarlo. ¿Qué vas a hacer tú con el tuyo?