Colonia y ciudadanía
La colonia puertorriqueña está en quiebra. Nadie puede dudar que la situación económica y social del país es asfixiante y que es necesario articular un nuevo…
La colonia puertorriqueña está en quiebra. Nadie puede dudar que la situación económica y social del país es asfixiante y que es necesario articular un nuevo modelo de desarrollo que garantice mayor estabilidad en el presente y un mejor bienestar para el futuro.
Mas para eso, es necesario poner las cosas claras sobre la mesa, mas cuando el partido político que regenta el gobierno pretende embaucarnos en la discusión del estatus político de la Isla con la única intención de arrinconarnos ante la celebración de un plebiscito que en nada resolverá nuestra problemática actual.
El estatus tiene que resolverse. Es un hecho irrefutable que la limitación de poderes políticos que sufre la isla reduce nuestra capacidad de desarrollo. Se trata de un asunto muy serio como para tratar de resolverlo con una estrategia electoral, mediante un plebiscito, que falseará las definiciones de estatus a los fines de acomodar en la lista de alternativas la fórmula colonial del Estado Libre Asociado (ELA) en sus modalidades de culminado o mejorado. Esta película la hemos visto antes y ya sabemos qué no resultará en beneficio para nuestra ciudadanía y que, al final, seguiremos estancados en el mismo lugar.
Sobre las vías para resolver el estatus, en tanto, ha quedado consignado el interés de un gran sector de las fuerzas políticas y sociales del país de encaminarnos hacia la celebración de una Asamblea Constituyente que nos permita definir qué alternativas políticas nos sirven para resolver el problema colonial. Este es el mecanismo amplio y democrático que podrá precisar las vías de acción para definir nuestro futuro.
Este proceso es, justamente, al que la dirigencia del pepedé le teme porque dejará al descubierto la falsedad de sus intentos de remozar el ELA para perpetuar la colonia y continuar defendiendo los intereses de quienes se benefician de este orden de sumisión.
Por eso, como hemos dicho anteriormente, el asunto del estatus es uno muy serio como para dejarlos en manos de un partido político que hoy se abroga el derecho a decidir cómo se articulan las fórmulas descolonizadoras, sobre la base de sus rendimientos y presumiendo de haber ganado un evento electoral.
Algo es importante dejar claro: el ELA no es ni puede ser una fórmula a considerar en ningún proceso descolonizador puesto que es, precisamente, el yugo sobre el que se ha sostenido y se sostiene la colonia.
El ELA es la subordinación colonial que nos dejó como legado Luis Muñoz Marín, artífice ideológico de esa forma de esclavitud que nos ha convertido en presos de nuestro destino. No hay forma de concebir un proceso descolonizador con la opción colonial en juego. Es un fraude y un atentado contra la inteligencia y la dignidad de un pueblo.
Ante eso, resulta asombroso el tono de las discusiones que se encaminan en la cúpula del pepedé y que han sumido a colonialistas y soberanistas en ruta hacia darle otro lavado de cara al orden colonial para, al final, no resolver nada y mantenernos en el eterno naufragio del ELA.
Ahora, el gran asunto de debate entre ellos es la ciudadanía estadounidense. Al escucharlos, parece resonarnos el discurso anexionista que encara el opositor Partido Nuevo Progresista. Sin ella, nos dicen, todo está perdido.
Sin embargo, la realidad es que para construir nuestra soberanía nacional no necesitamos la ciudadanía de Estados Unidos. Cierto es que muchos países ostentan dos y tres ciudadanías, pero es un hecho que responde a circunstancias particulares y distintas a las nuestras. ¿Qué podemos tener más de una ciudadanía? Claro. ¿Qué nos basta con la puertorriqueña? También.
Detenernos en la discusión sobre la ciudadanía estadounidense como requerimiento para articular fórmulas de estatus no coloniales es mantenernos enredados en los entresijos coloniales y desentendernos del valor que, bajo la soberanía política, adquiere nuestra nacionalidad y ciudadanía puertorriqueña más allá de las fronteras de Estados Unidos.


