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title: "Opinión: Mi pamela"
description: "Encontré el gusto por los sombreros a los siete años contagiada por mi tía Viviana. Me gustaba estar debajo de algo que dijera algo de mi cabeza. A veces tenía…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2014/08/29/opinion-mi-pamela"
section: "Noticias"
author: "Natasha Sagardía @NatashaSagardia"
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published: "2014-08-29T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-21T11:37:50.705Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: Mi pamela

_Encontré el gusto por los sombreros a los siete años contagiada por mi tía Viviana. Me gustaba estar debajo de algo que dijera algo de mi cabeza. A veces tenía…_

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia · Noticias · 2014-08-29T04:00:00.000Z

Encontré el gusto por los sombreros a los siete años contagiada por mi tía Viviana. Me gustaba estar debajo de algo que dijera algo de mi cabeza. A veces tenía gorros con un estampado de flores verdes, amarillas y blancas; otras veces prefería el sombrero de ala negra. El que más me gustaba era la boina negra de mi abuelo y el olor a tierra que albergaba.  Mi niñez fue divertida. Era un mundo de arte, trabajo y mucho amor por la educación.

 Mi madre siempre me vestía como una princesa. Le encantaba comprarme trajecitos y hacerme  alguna trenza cocida. A las pocas horas me encontraba con collares de mugre en el cuello, algún hueco en el encaje del traje y en el cabello hojas secas. Me gustaba vestirme linda, siempre y cuando no me imposibilitara hacer lo que yo quisiera. En esos momentos un sombrero de flores era mi compañero. Mi tía es una de las artistas de la familia y diseñadora. Me malcrió cumpliendo mis deseos.

 Mi madre es una mujer intensa. Cada conversación tiene que ser trascendental. No hay tiempo para perder en el small talk. Con mi madre siempre había que reflexionar y razonar sobre todo. En esos momentos prefería el sombrero de ala negra, con el broche de la palomita blanca que me había regalado mi abuela. Era como una especie de capa mágica desde la que, medio distanciada de los demás, podía pensar.

 Desde los sombreros de mi tía, el arte y la moda se han convertido en un espacio en el que me veo. Desde los sombreros que prefería con mi madre, el pensar es un ejercicio que hago casi todo el tiempo. A veces lo hago con tanta frecuencia que siento que no sé parar de pensar. El sombrero que me  hace sonreír con picardía es la boina del abuelo.  Era el sombrero del respeto a la educación y al trabajo. Esa boina se la ponía cada mañana al salir a trabajar, se la quitaba cada mediodía para comer y volvía a cargarla en su segunda batería del día. Esa boina era sagrada.

 La Sagrada Familia de Jesús era una de las diez mil iglesias que mi abuela visitaba los domingos y a quien mi otra abuela tenía como imagen encima de su cómoda. A mis abuelas les gustan las iglesias, los pañuelos, las cartas, el pintalabios rojo y los zapatos negros de charol. Ellas no usan sombreros, pero me enseñaron  a ponérmelos todos. Una con una mirada de tigresa que me acompañaba en cada cambio de sombrero. La otra con los labios fruncidos cuidaba cómo me quedaban. De una manera u otra, las mujeres de mi familia me enseñaron a vestir la cabeza. Hoy los tengo todos, incluso una boina de mi abuelo que guardo en una bolsa para que no pierda su olor. El último que añadí a mi lista es mi  pamela, porque es el sombrero que elijo yo y representa la   combinación en mi cabeza de  arte, trabajo, amor, educación y elección personal.

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