Opinión: El silencio en la noticia

En ocasiones callar es apropiado. Son pocas las ocasiones que el periodista tiene el privilegio de mantenerse en silencio, y ese silencio puede hablar más que…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

27 ago 2014, 12:00 am 3 min de lectura

En ocasiones callar es apropiado. Son pocas las ocasiones que el periodista tiene el privilegio de mantenerse en silencio, y ese silencio puede hablar más que mil palabras, como dice el dicho. Le llamo privilegio porque, cuando ese escenario surge, es que el periodista está inmerso en una noticia en proceso que requiere que el público más que escuche su voz sienta lo que está pasando a su alrededor.

Esta semana opté por callar cuando, junto con mi compañero fotoperiodista, se me asignó la cobertura del estado de salud del policía Geniel Amaro Fantauzzi. Por más de ocho horas acompañamos a su familia. Dígame usted qué se le puede preguntar a un familiar que está perdiendo a su ser querido. Tenemos que ser más humanos y evitar preguntas impertinentes. Demás está decir lo amables que fueron con nosotros y lo valientes al entender con las miradas cuál es nuestra labor y que solo queríamos su reacción ante lo irremediable. Cuando llegó el momento de anunciar el trágico final, la familia no pudo conversar con nosotros y no presionamos porque entendíamos el dolor. Hay que colocarse en su posición para poder entender cuando la noticia se transforma.

Fue el gobernador Alejandro García Padilla y el superintendente de la Policía, José Caldero, los encargados de confirmar la muerte del agente Amaro Fantauzzi. No interrumpí al gobernador, solo dejé que se expresara y que los pequeños silencios fueran sentidos por todos aquellos que sin ser familia del agente han lamentado su fallecimiento a manos de sicarios. He aquí la importancia del silencio periodístico que va de la mano con el respeto y la humanidad.

Quizá el caso más notorio del uso del silencio periodístico ocurrió durante el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2011. El periodista de CNN Aaron Brown subió a la azotea del edificio que alberga la sede de la estación de televisión en Nueva York para transmitir lo que él entendía era un pequeño avión que supuestamente había impactado una de las torres, pero, cuando transcurrió el tiempo y observó en directo el horroroso choque del segundo avión, comprendió que algo más estaba ocurriendo ante sus ojos y enmudeció. Quizá en quince segundos estaba repuesto, pero sus siguientes palabras fueron: “No hay palabras para describir lo que mis ojos están viendo. Oh, Dios. Oh, Dios” y calló por más de dos minutos. Todo el que estaba viendo en directo CNN podía comprender lo que el periodista sentía y más aún cuando estaba transmitiendo en directo el mensaje del horror y la tragedia a sus pies.

Ese momento de silencio en ocasiones es necesario en esa  cadena de comunicación para que los receptores tengan su espacio para reflexionar y sentir.  Brown es un periodista ya retirado, de basta experiencia con amplios conocimientos de lo que es propio y no. Al confirmar los hechos que estaban ocurriendo ante sus ojos, no solo tenía las imágenes exclusivas que todo productor añora, sino también se estaba preocupando por el contenido de esa imagen y lo que ocasionaría en el espectador. Siempre hay que colocarse en el puesto de los que nos escuchan, nos leen y nos ven. No hacerlo es un grave error, pues se pueden cometer demasiadas tonterías. El periodista tiene la responsabilidad de enviar el mensaje correcto y responsable, aunque sea ocupando la táctica del silencio. Cuando se habla demasiado, puede ser que el periodista caiga en el precipicio de la pérdida de la credibilidad.