Opinión: Bruni y el reto del cubo

Ella era menuda, coqueta, inteligente, perseverante, exitosa y tenía la voz más hermosa que he escuchado en mi vida. Nació para ser periodista y fue una de las…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

20 ago 2014, 12:00 am 3 min de lectura
Opinión: Bruni y el reto del cubo

Ella era menuda, coqueta, inteligente, perseverante, exitosa y tenía la voz más hermosa que he escuchado en mi vida. Nació para ser periodista y fue una de las mejores locutoras de este país. Recuerdo muy bien que desayunaba huevos con pique para poder aclarar su voz y hacer las locuciones porque, de lo contrario, ni se le entendía su gruesa voz. Hacía tantas cosas a la vez y resolvía tantos asuntos a todo el mundo que era casi imposible seguir su ritmo de trabajo. Nos divertíamos con locura. Me otorgó el privilegio de liderar su bien más preciado: su emisora de radio. Así que en esa escuela plantada en el hermoso Valle de Lajas aprendí lo que en ninguna universidad enseñan. El tiempo transcurrió y se convirtió en mi amiga entrañable y mentora. Siempre estábamos juntas. Un día, cuando ya ella estaba retirada y yo afianzaba terreno en las comunicaciones, me llamó y me dio la peor noticia: “No puedo mover mis pies”.

En tan solo semanas estaba inmóvil todo su cuerpo. Para ese tiempo yo desconocía de las implicaciones de la enfermedad que le asechaba, así que todos los relacionados con mi amiga nos dedicamos a educarnos sobre el mal de esclerosis lateral amiotrófica, conocida principalmente como la enfermedad de Lou Gehrig. El nombre viene del jugador de los Yankees de Nueva York que padeció de esa afección. Comprendí a cuenta gotas y con mucho dolor que las células motoneuronas del sistema nervioso de mi amiga estaban dejando de funcionar y, como consecuencia, sus músculos morirían. Lo más devastador fue cuando tuve que asimilar que sus órganos también se paralizarían y, por lo tanto, fallecería. Mi amiga fue una luchadora y trató todo tipo de tratamiento pero, lamentablemente, no hay cura y el desenlace siempre es fatal. Decidió pasar sus últimos días rodeada de todas las personas que la amábamos. Siempre pensé que su pasatiempo era hablar. De hecho, podían pasar horas antes de que yo pudiera decir algo. Pero en realidad me encantaba escuchar sus cuentos. Una tarde cuando ya su fatiga incrementaba me dijo: “El día que no pueda hablar me quiero morir”. Se me rompió el corazón porque ella era la mujer más optimista que he conocido e inevitablemente sucedería. Se fue una noche precisamente cuando ya solo sus ojos hablaban.

Es aterrador ver en primera fila cómo el mal del Lou Gehrig paraliza cada uno de los órganos del cuerpo del ser querido. No hay cura por el momento, solo tratamientos que hacen más lento el proceso de parálisis muscular progresiva. Actualmente se trabaja con un experimento de células madres que al parecer ha dado alguna esperanza a los investigadores. Por haber visto las consecuencias nefastas de esta enfermedad me alegró la campaña de recaudación de fondos en busca de tratamientos y curas para la enfermedad de Lou Gehrig que se ideó.

En estos días nos han bombardeado en las redes sociales con los videos de los chapuzones de agua helada en la cabeza que promueven la donación a la fundación de Lou Gehrig. La persona retada que no lo haga tiene que donar $100 dólares, y si completan el reto, solo tienen que donar diez dólares. Casi todas las celebridades y políticos de turno han aprovechado el momento de relaciones públicas y han aparecido en las redes sociales y en la televisión empapados como pollos, lo que me ha parecido una verdadera ofensa. La campaña se ha desvirtuado y lleva el mensaje subliminal de que es mejor empaparse de agua fría y sentirse incómodo que donar porque, de lo contrario, yo evitaría mojarme y con gusto donaría por la causa y sin incomodidad alguna.

Aprovecho esta oportunidad para hacer un llamamiento a las celebridades y a los políticos de turno que están aprovechando el momento de fama para que sinceramente se interesen por conocer las implicaciones de esta devastadora enfermedad. Ah, y de paso enviar realmente su donación porque no he visto publicado ni un solo cheque. Propongo que donen por conciencia y porque aman a sus seres queridos que están sanos. De parte de mi amiga Bruni, les doy las gracias.