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title: "Opinión: Colonia es colonia"
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section: "Noticias"
author: "Hiram Guadalupe @hiramgp"
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published: "2014-08-11T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-21T13:27:53.561Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: Colonia es colonia

_En el interior del Partido Popular Democrático (PPD) el sector que defiende la opción soberanista se juega una carta de supervivencia que requerirá, para…_

Por Hiram Guadalupe @hiramgp · Noticias · 2014-08-11T04:00:00.000Z

En el interior del Partido Popular Democrático (PPD) el sector que defiende la opción soberanista se juega una carta de supervivencia que requerirá, para anteponerse a las fuerzas conservadoras que controlan la dirección de la colectividad, la articulación de estrategias armadas de una verdadera voluntad política de ruptura.

Hará falta, además, una profunda mirada que conduzca a ese sector a reconocer las deficiencias políticas del Estado Libre Asociado (ELA) y cómo bajo ese signo colonial han quedado estancadas nuestras posibilidades de desarrollo económico y social.

Para eso, claro está, deberían comenzar con hablarle claro al país reconociendo, en primer lugar, el engaño que ha representado “vender” el modelo del ELA como una fórmula descolonizadora, tal y como han hecho por más de medio siglo.

Hay que ser honestos y honestas con el pueblo y frente a la historia, llamar las cosas por su nombre y dejar atrás la retórica nostálgica que han utilizado los estadolibristas para adornar su sumisión política.
 El ELA no es más que una colonia sometida a los dictámenes del Gobierno estadounidense, regido por la cláusula territorial de la Constitución de Estados Unidos y, por consiguiente, subyugada a los poderes plenarios del Congreso.

Esa condición colonial no solo está presente en la concepción política de quienes ostentan el poder en Estados Unidos, sino que, además, ha sido reafirmada y sostenida en la jurisprudencia del Tribunal Supremo de esa nación cuando, en 1922, dictaminó que Puerto Rico “pertenece a, pero no es parte de Estados Unidos”.

De la misma manera, esa visión fue refrendada en 1980 cuando el mismo tribunal sentenció que, por el hecho que el país estuviera sometido a la cláusula territorial, el Congreso se abrogaba el poder de discriminar en términos del acceso que podían tener los puertorriqueños a ciertos programas de beneficencia pagados con fondos federales.

Esos pronunciamientos siguen vigentes. La realidad política del país no ha cambiado, por lo que resulta inaudito escuchar las voces de algunos políticos denominados soberanistas adornar la entelequia del ELA con falsas adjetivaciones para rehuir llamarlo por su verdadero nombre: una colonia.

Como colonia, Puerto Rico está limitando su futuro a los designios de una metrópoli que, vale la pena señalar, está naufragando sin rumbo en los mares de su propia crisis. Poco avanzamos sin poderes reales que nos permitan delinear nuestra agenda. Poco logramos si persistimos en vivir atados a la dependencia económica y política que ha regido nuestra realidad histórica por más de un siglo y que se ha convertido en uno de nuestros peores males.

Hoy más que nunca es necesario romper con las ataduras del pasado y encaminarnos hacia un proceso verdaderamente descolonizador, en el que todas las fuerzas políticas del país ocupen un espacio en la mesa de diálogo que nos conducirá hacia la definición de las rutas que nos brindarán poder y autonomía para regir nuestro destino.

Ese espacio de concertación tiene que ser la Asamblea Constituyente. Nada adelantamos si nos empeñamos en conducir la discusión sobre el futuro político del país en la celebración de otro plebiscito, que al final será la repetición del mismo ejercicio banal que hemos realizado en el pasado.

Mucho menos avanzamos si imponemos la definición de las fórmulas descolonizadoras desde el conciliábulo de Puerta de Tierra, donde habita la sede del oficialista PPD.

La discusión del futuro político del país es muy importante como para secuestrarla en las paredes que alberga la Junta de Gobierno de un partido colonial, máxime cuando sabemos que su dirección está dominada por la corriente inmovilista.

Por eso es obvio que el empeño de la dirigencia popular en mantener a puertas cerradas la discusión del futuro político nacional es una estrategia para aplastar a todo aquel que pueda representar una voz disidente contra el status quo.

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