Opinión: Un robot llamado periodista
Llega usted a su casa luego de un arduo día de trabajo, enciende su canal favorito para ver las noticias y, de repente, quien aparece hablando es un robot. Se…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
Llega usted a su casa luego de un arduo día de trabajo, enciende su canal favorito para ver las noticias y, de repente, quien aparece hablando es un robot. Se siente confundido y, cuando cambia al otro canal, quien aparece es una mujer perfecta creada a través de la animación de un programa computarizado.
No estoy hablando del futuro cercano ni del programa de caricaturas The Jetsons; es la realidad de programas pilotos que varias compañías ensayan en China y Rusia.
Como era de esperarse, ha ocasionado el repudio de diversas universidades especializadas en comunicación y de círculos de prensa. La crítica mayor a las intenciones de reemplazar a los periodistas de carne y hueso por máquinas que ahorran dinero a las empresas es que ninguna computadora puede sustituir el conocimiento de experimentados periodistas y mucho menos analizar el resultado de arduas investigaciones periodísticas.
Pero, a pesar de las críticas, recientemente varios medios de prensa internacionales han adquirido programas que pretenden transformar datos en historias periodísticas sin la intervención del conocimiento humano. En otras palabras, las ideas, las reflexiones, el conocimiento, la investigación, la libertad de prensa, el análisis y la conciencia periodística se cuelgan, en el armario junto al diploma, pues los millones y millones de datos computarizados los reemplazan.
Puedo entender que la máquina ahorra dinero y más en estos tiempos, pero el conocimiento de producir artículos bien pensados con un profundo análisis crítico es irreemplazable.
Además, como la máquina lo que hace es ordenar datos, no genera opinión pública. Los datos que escribe el programa automático son estructurados, cuadrados y puramente objetivos, lo que el periodismo dejó de ser hace mucho tiempo.
Desde el punto de vista de inmediatez, hay que aceptar que la máquina es un as, porque es capaz de preparar contenidos para las redes sociales más rápido que pestañear un ojo. Y como lo que vale es quién lo dijo primero. La computadora periodista le está ganando a los que se jactan de ser los más duros en el teclado.
En California, una empresa de prensa escrita acogió recientemente la tecnología del algoritmo creado por el periodista Ken Schwencke para generar titulares y encabezamientos automáticos. Pero lo que organiza y publica el programa es la información procesada previamente por periodistas.
Al periodista Schwencke se le increpó sobre si su invento respetaba la profesión o estaba promoviendo que las máquinas sustituyeran a los periodistas de carne y hueso, y este contestó que de ninguna manera buscaba reemplazar, sino apoyar y complementar la transmisión de datos de una manera más rápida. De hecho, él considera su innovación un reto para el mismo periodista, pues dice que hace el trabajo más interesante. Otros medios de prensa escrita también les han dado trabajo a otros programas que ahorran periodistas. Acosados por la crítica de círculos periodísticos han señalado que fueron adquiridos para completar información en la complicada tarea de informar con rapidez. Esos medios de comunicación aducen que el programa les otorga más tiempo libre a los periodistas para ocuparse de otras tareas, como la investigación profunda y el cultivo de fuentes para obtener reportajes exclusivos.
Si bien debemos adecuarnos a las nuevas tecnologías, ese intento de reemplazar a los periodistas por bytes no deja de ser sumamente preocupante. La propuesta computarizada debería ser acogida como un medio para apoyar y adelantar datos en esa lucha por la inmediatez, pero no como sustitución de labores de redacción periodística. Promover el periodismo automático computarizado atrofiaría nuestras mentes y encaminaría los contenidos al peligroso barranco del plagio. El periodismo, con toda la excelencia que se requiere, está basado en el respeto y la honestidad para entregarles a los receptores la verdad. Solo el tiempo dirá cuán provechoso fue el invento programático y si generó más periodismo inteligente o el alargamiento de la fila del desempleo.


