Opinión: Esperando lo mejor
El mes pasado me llegaron no una, sino dos cartitas del Departamento de Hacienda. Suficiente para pararle los pelos de punta a cualquiera. A raíz de las cartas…
Por Lily García
El mes pasado me llegaron no una, sino dos cartitas del Departamento de Hacienda. Suficiente para pararle los pelos de punta a cualquiera. A raíz de las cartas no me quedó más remedio que coger un día entero para ir a las oficinas de Hacienda a resolver. Llevaba el iPAD, un libro, merienda y dos abrigos por si acaso.
Por ser viernes y estar bajo aviso de tormenta, había mucha menos gente que lo normal, así que no esperé ni media hora por ser atendida. Una vez adentro, sin embargo, el proceso fue más lento porque el asunto conllevaba análisis. Para hacerles el cuento largo corto, llegué a las 10:00 a.m. y salí a las 3:00 p.m.
Una de las razones por las cuales tardó tanto la cosa fue que al pobre muchacho que me atendía era interrumpido constantemente por preguntas de otros compañeros. Pero no me molestó porque pensé que eso quería decir que el hombre sabía lo que estaba haciendo. De lo que no me había percatado era de que, por ser primero de agosto, ese día habían entrado en vigencia una serie de cambios relacionados con el IVU. Estos empleados estaban completamente perdidos, en ocasiones tan o más perdidos que el público.
Pensé en las muchas veces que hablamos mal de los empleados de gobierno y la forma en que tratan al público sin saber lo que hay detrás. En ese ratito que pasé allí fui testigo del deseo de muchos de dar el servicio, pero no tener las herramientas para hacerlo. Es obvio que siempre nos vamos a encontrar en estas oficinas gente apestada de la vida que odia su trabajo. Pero no son la mayoría. En muchas ocasiones, son víctimas de falta de información y decisiones poco acertadas que toman personas que nunca han tenido que bregar con público. La vida sería tanto más fácil si nos viéramos todos sencillamente como seres humanos tratando de sobrevivir.
Cuando vamos a una consulta con un médico o cualquier otro profesional de la salud, llegamos allí porque entendemos que esta persona es la indicada para cuidar de nosotros. Esperamos que nos proteja y que su prioridad va a ser nuestro bienestar. Generalmente, no llegamos con una actitud defensiva listos para el ataque cuando “ese morón trate de cogernos de idiota” como lo hacemos muchas veces cuando entramos a una agencia de gobierno. Ve a hacer tus gestiones reconociendo que, al igual que tú, todo el que trabaja allí quiere ser feliz. Conéctate con lo mejor que tienes para darles y en el proceso te conectarás también con lo mejor de ellos. Respira profundo y espera siempre lo mejor.
Vea también estas notas:


