Opinión: El precio del periodismo en Gaza

Los periodistas locales e internacionales que intentan hacer su trabajo en Gaza están sufriendo uno de los peores atentados contra la libertad de expresión…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

23 jul 2014, 12:00 am 3 min de lectura

Los periodistas locales e internacionales que intentan hacer su trabajo en Gaza están sufriendo uno de los peores atentados contra la libertad de expresión. Allí en la frontera donde Israel les limita el paso han tenido que dar explicaciones sobre su trabajo y lo que se publica. El periodista que se niegue es amenazado y sacado de la zona de conflicto.

Desde principios del año 2000 la organización periodística Reporteros sin Fronteras había estado denunciando las atrocidades contra la prensa y las muertes de muchos colegas simplemente porque no se dijo lo que el gobierno de Israel quería escuchar. En las últimas semanas dos periodistas han muerto y hay por lo menos una decena de heridos en los hospitales. Un periodista radicado en Gaza perdió a su bebé luego de que un proyectil impactara su casa. Otros han perdido extremidades por las bombas que han explotado en sus centros de trabajo. Los soldados israelitas están atacando los medios de comunicación, mayormente las estaciones de televisión y los centros de satélite porque desde allí se está divulgando la información que, evidentemente, no les interesa que el mundo sepa. Incluso a algunos periodistas de Gaza se les acusa de estar aliados a Hamas y que ese grupo los utiliza como escudos humanos en la frontera. Aquellos periodistas que logran sobrevivir contando la verdad lo hacen porque están dispuestos a entregar su vida por su deber y vocación. A través de esos loables periodistas heridos y amenazados es que se ha conocido que Gaza vive una barbarie. Tan solo esta semana más de 600 civiles han muerto y entre estos hay cerca de 120 niños.

Este enfrentamiento inagotable deja perplejo a cualquiera por la falta de respeto a la vida humana. A pesar que los periodistas hacen lo imposible por informar, se consideran pocas las noticias que transcurren de esa zona en conflicto. Las notas periodísticas contienen demasiados filtros y las entrevistas oficiales se realizan bajo advertencia. Esas cortapisas ocasionan una nauseabunda indignación, pues si repugna la matanza, imagínese lo que no se ha podido contar y grabar.

Los periodistas que son asignados a conflictos bélicos están acostumbrados al peligro, pero no al silencio y al control de sus movimientos por parte de gobiernos. Según medios radicados en Gaza, en estos momentos Israel trata de evitar el derecho a la información a toda costa y que se divulgue que el gobierno persigue a los civiles. Algunos medios han insistido en transmitir esa información fidedigna a pesar de que sus oficinas están en ruinas y están utilizando unidades móviles que transitan por las calles pero conociendo que de un momento a otro el camión podría explotar. Otros periodistas han optado por trabajar desde los sótanos en los hoteles. La vida de todos en Gaza está en peligro y los chalecos antibalas con la inscripción de PRESS no garantiza que sobrevivirás. Israel aduce que la falta de seguridad le hace imposible concederles a los periodistas que se queden a cubrir el conflicto desde la frontera. Ese gobierno debería entender que la seguridad no es un asunto que debe estar discutiendo con los periodistas, ya que ellos están acostumbrados a afrontar a diario esos riesgos. Los periodistas saben que son tan blanco como los civiles y que no hay diferencia entre ellos y las familias exterminadas.

Un grupo de periodistas independientes, es decir, no afiliados a ningún medio de comunicación, indicó que continuará informando pase lo que pase para demostrar que ningún gobierno impedirá el derecho que tiene todo ciudadano a la información. Además, se divulgó que el gobierno de Israel no ha permitido que periodistas israelitas informen desde el lado de Gaza.

La importancia del periodismo en la humanidad una vez más se comprueba en esta ardua tarea de informar en zonas de conflictos. Se reconoce que, si los periodistas no están en ese lugar, no llegarán las verdaderas imágenes y crónicas de las familias masacradas, de las bombas que destruyen decenas de hogares y de la imperante  necesidad de ayuda humanitaria. Esperamos aún por la intervención en esta disputa de las figuras y organizaciones que promulgan la paz mundial. Hay esperanza todavía de que se pueda evitar el genocidio.