Opinión: Sin temor al miedo
Últimamente me ha tocado en calidad de conferenciante motivacional visitar muchas empresas que, dada la difícil situación económica que vivimos, están pasando…
Por Lily García
Últimamente me ha tocado en calidad de conferenciante motivacional visitar muchas empresas que, dada la difícil situación económica que vivimos, están pasando por momentos de transición muy difíciles.
Al preguntarle a los grupos cuáles son los mayores retos de este momento de crisis, inevitablemente surge el tema del “miedo”. El miedo más común entre la mayoría de los trabajadores o profesionales es el perder el trabajo, seguido por la reducción de jornada laboral y sueldo. Pero en segundo lugar está el miedo a los cambios a los que tienen por obligación que enfrentarse ahora, que tanto la empresa privada como el gobierno están, por obligación, buscando alternativas, no siempre cómodas para reinventarse.
Siempre me resulta irónico el que, a pesar de que sabemos que lo único seguro en la vida es que todo cambia, es al cambio a lo que más miedo le tenemos. Las razones para el miedo pueden ser muchas, pero en las charlas surge una y otra vez el asunto del “miedo a no poder manejar lo que ahora se me está exigiendo.”
Lo cierto es que los seres humanos tenemos una capacidad enorme para la transformación y la superación ante los retos, y el miedo no necesariamente tiene que ser algo negativo. Todos y todas les tenemos miedo a algo. La realidad es que podemos definir todos los miedos en las categorías de “saludables” o “poco saludables.” Un miedo saludable es aquel que nos lleva a realizar un cambio positivo en nuestras vidas. El miedo a desarrollar cáncer, por ejemplo, nos puede llevar a comenzar a alimentarnos mejor, dejar de fumar, o ejercitarnos más.
Un miedo “poco saludable”, por el contrario, es el miedo a aquello que en realidad no puede hacernos daño o que no podemos controlar. El miedo a los lagartijos o las arañas que en realidad no pueden hacernos daño; y el miedo a que alguien nos abandone o nos deje, que es algo que no podemos controlar, son ejemplos de miedos que pueden llegar a paralizarnos y afectar, inclusive, nuestra calidad de vida.
La realidad es que todos nuestros miedos, justificados o no, saludables o no, comienzan en nuestra mente, que es la que percibe el mundo que nos rodea. Identifica tus miedos observando objetivamente tu mente, y pregúntate de dónde vienen. ¿A qué en realidad le tienes miedo en esa situación en particular y por qué? ¿Qué es lo peor que pudiese pasar si lo enfrentas? ¿Qué cosa positiva puedes obtener al enfrentarlo?
Hay miedos que casi nunca nos abandonan, pero reconociéndolos y viéndolos como lo que son, reflejo de nuestras mentes, podemos permitirnos seguir caminando aun cuando los llevemos de la mano.
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