En familia

Desde que llegué a Brasil me llamaron la atención los relatos de los partidos de la Copa del Mundo en la Rede Globo. Entre la gambeta de Messi o los golazos de…

Por Pablo Cavada, Metro en Brasil

11 jul 2014, 12:00 am 2 min de lectura

Desde que llegué a Brasil me llamaron la atención los relatos de los partidos de la Copa del Mundo en la Rede Globo. Entre la gambeta de Messi o los golazos de James, el locutor también daba los entretelones de la novela En familia, algo que transformaba en ridícula la experiencia.

La serie ha sido la de más baja sintonía del horario de 21 horas en el canal, lo que hace entender los esfuerzos de sus editores por darle apoyo durante las horas de más audiencias en la Copa del Mundo, anunciando que Iván descubrirá que Clara y Marina están enamoradas mientras Luis Suárez da un mordisco a Giorgio Chiellini.

Pero la novela que cuenta con la actuación de Bruna Marquezine, conocida por ser la novia del ídolo verdeamarelo Neymar Jr., no repuntó, y el canal decidió que tendrá un fin anticipado. Un culebrón que tiene un triste parecido a lo que pasó con el equipo nacional brasileño. El enamorado de Bruna tampoco tuvo suerte en su historia mundialista con un cierre abrupto por su lesión y con la humillante eliminación de Brasil, que, a pesar de tener la opción de pelear el tercer puesto el sábado en Brasilia, ya vio caer junto a su derrota ante Alemania en Belo Horizonte la misión de dejar la copa en casa.

Otra novela con un final amargo que tendrá a los brasileños buscando olvidar un nuevo fracaso luego del Mundial perdido en 1950. Ahora tendrán que ver una final sin el Scratch y con sus odiados vecinos argentinos. Espero que ante Holanda por lo menos los torcedores no se lleven una sorpresa como la que se llevó Iván.

Será el último churrasco de la Copa. El domingo la fiesta no será de ellos. Alemanes o argentinos serán los que bailen por sus calles y sus playas. Y, aunque en la final están los que llaman hermanos, la verdad es que lo que la mayoría del pueblo brasileño espera que la Copa del Mundo se vaya por primera vez desde Suramérica a Europa y no quede “en familia”. Ver celebrar a los argentinos en su casa sería casi tan humillante como la goleada ante los germanos.