Opinión: ¿Paraíso o abismo fiscal?
En tiempos en que el Gobierno insiste en resolver los problemas deficitarios del país con la imposición de impuestos y el exterminio de beneficios laborales…
En tiempos en que el Gobierno insiste en resolver los problemas deficitarios del país con la imposición de impuestos y el exterminio de beneficios laborales, se orienta una ruta de enriquecimiento dirigido a incentivar la inversión en la isla de grandes y poderosos empresarios estadounidenses de capital privado.
Es un contrasentido que, en momentos en que se requiere la búsqueda de más ingresos para el fisco, los funcionarios gubernamentales se empeñen en promover el beneficio de unos pocos a cuesta del sacrificio de todo un pueblo.
Mas ese tema ocupa poco espacio en las agendas de comentaristas noticiosos del país que, día tras día, se encargan de promover la idea del sacrificio colectivo porque, dicen, la situación crediticia del Gobierno no aguanta más y ya llegó el momento de lanzar a quiebra las empresas del Estado para privatizarlas y sancionar el mercado de trabajo con la exterminación de las normas laborales y la erradicación de los beneficios salariales.
La pasada semana, por ejemplo, el portal cibernético de la empresa de noticias e información financiera Bloomberg publicó un artículo, “Paulson’s Puerto Rico Paradise Lures Rich Fleeing Taxes”, que abordaba las formas en que las autoridades del Gobierno puertorriqueño afinaba su estrategia de inversión de capital extranjero sumida al ofrecimiento de grandes y atractivos estímulos económicos.
La historia centraba su atención en las disposiciones de Ley de Reinversión de Capital de Puerto Rico (Ley 20-2014), hecha a la medida de los intereses de magnates como John Paulson, quien ya ha nombrado a nuestro archipiélago el Singapur del Caribe.
Para los regentes del capital el mensaje es claro: esa pequeña colonia que ubica en el mar Caribe es el nuevo paraíso de impuestos bajos del mundo. Bajo esa premisa, Paulson ha anunciado sus planes de desarrollar en la isla proyectos residenciales, hospederías y edificios para oficinas, aprovechándose de la crisis económica nacional.
Se trata de una estrategia muy parecida a la que este inversionista llevó a cabo hace unos años en Estados Unidos, donde, en medio de la difícil situación que atravesó el mercado inmobiliario, ganó 15 mil millones de dólares apostando al colapso en el valor de las hipotecas riesgosas.
Según publicó Bloomberg, el atractivo principal de la isla para magnates estadounidenses como Paulson es que el Gobierno les ofrece grandes exenciones para la realización de sus negocios, lo que convierte a la isla en un verdadero nirvana para el lucro y la acumulación de ganancias.
Pero más que un edén, estas medidas se convierten en un extraordinario refugio contributivo, desproporcionadamente a favor de las ganancias acumuladas por estos grupos de inversores, a quienes se les exime del pago de impuestos bajo la retórica de la urgencia que vive el país en aumentar el capital de inversión extranjera.
Nos recuerda Bloomberg que, bajo las nuevas reglas que provee Puerto Rico, una persona millonaria que se muda al país no paga impuestos sobre sus ganancias de capital. Más aún, alguien que trabaja para una compañía multinacional y que es residente en la isla, está exenta del pago de impuestos federales por concepto de su salario.
Esta realidad contrasta con las medidas que los estrategas económicos del gobierno imponen contra el pueblo trabajador y el sector productivo nacional.
Al tiempo que, como estrategia económica, los funcionarios gubernamentales enfocan sus miradas a la atracción de los grandes señores capitalistas, condenan la productividad de nuestra ciudadanía al eliminar el crédito al trabajo e imponer una contribución especial de 2 % sobre el ingreso bruto generado por un individuo con negocio propio o que trabaje por cuenta propia.
Lo mismo ocurre cuando lanzan dardos contra el empleo público, demonizando los salarios y beneficios de los trabajadores de ese sector y disponiéndose a cancelar sus convenios y toda normativa reguladora del mercado laboral. La balanza se desproporciona mientras se cristalizan los intereses de los regentes del poder. Los demás seguimos siendo los demás.


