Opinión: El lugar más espiritual
Esta pasada semana estuve ofreciendo varias charlas y talleres a asistentes administrativas por estarse celebrando su semana. La charla que ofrecí en la gran…
Por Lily García
Esta pasada semana estuve ofreciendo varias charlas y talleres a asistentes administrativas por estarse celebrando su semana. La charla que ofrecí en la gran mayoría de los casos fue una que titulé “Los secretos de las personas felices,” título también del libro que acabo de publicar hace un mes. En él hablo acerca de las actitudes que a mí me han ayudado a encontrar la felicidad y el balance, además del éxito tanto a nivel personal como profesional. Una de ellas ha sido el haber desarrollado y buscar mantener una conexión espiritual. En mi caso, esa conexión se da a través de las enseñanzas budistas, pero mi exhortación es a que cada persona la busque a través de la religión, filosofía o enseñanza que más sentido le haga, siempre respetando las creencias de los demás.
En varias de las charlas les pregunté a las participantes que cuál era el lugar donde se sentían más “conectadas” espiritualmente. Muchas dijeron que frente al mar o en el campo, cerca de la naturaleza. Algunas mencionaron los templos o iglesias a las que asistían. Varias hablaron de algún lugar en particular en su hogar, y una hasta mencionó el baño, comentario que arrancó risas de todos los presentes.
Lo que me pareció bien curioso fue que ninguna persona en ninguno de los grupos mencionó el lugar de trabajo. Y es que, cuando pensamos en un lugar que promueve la “conexión espiritual”, nos viene a la mente un espacio donde nos sentimos en paz y armonía. El lugar de trabajo, generalmente, no responde a esta descripción. Considero, sin embargo, que es el lugar donde con más probabilidad salgan a pasear el angelito y el diablito que hay en todos nosotros. Dentro del ambiente de trabajo, donde se mezclan muchas veces la tensión, la prisa, los choques generacionales y de personalidad, los egos y la envidia, encontramos un terreno fértil para practicar las cualidades que siempre hemos identificado como “espirituales”. Si estamos conscientes de lo que estamos sintiendo en esos momentos, les abrimos camino a la tolerancia, la paciencia, el desarrollo de la compasión y el perdón.
La oportunidad de poder manejar dentro de este ambiente a tus chupacabras externos (esas personas que te drenan la energía) y a los internos (esas actitudes tuyas que te limitan) es lo que convierte nuestro lugar de trabajo en un espacio que invita a la verdadera práctica espiritual. Frente al mar, en el templo o leyendo un libro inspirador en una esquinita de nuestra casa siempre se nos va a hacer fácil conectarnos con lo divino. El verdadero reto está en el día a día. Acéptalo y comienza a transformar el lugar donde trabajas.
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