Opinión: Silenciar a la prensa

Han pasado 10 años y aún no se sabe por qué. El asesinato de José Couso nos toca a todos los periodistas del mundo, aunque no lo hayamos conocido. Para los…

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

15 abr 2014, 11:00 pm 4 min de lectura

Han pasado 10 años y aún no se sabe por qué. El asesinato de José Couso nos toca a todos los periodistas del mundo, aunque no lo hayamos conocido. Para los amigos de José Couso, su muerte a manos de tropas norteamericanas destapó la realidad de la guerra en la que los inocentes y los trabajadores son los que pagan la infamia. Ahora, que Ucrania sufre la penuria de un conflicto y Siria se convirtió en el lugar más peligroso para ejercer periodismo en el mundo, pienso en los cientos de José Couso que están a punto de perder la vida.

Permítame decirle quién fue José Couso. El 8 de abril de 2003 Couso, junto con otros compañeros de prensa, se encontraban en sus habitaciones del Hotel Palestina donde preparaban su equipo de trabajo para cubrir en la madrugada la incursión de las tropas estadounidenses en Bagdad. Couso, de 37 años, era un periodista especializado en conflictos armados o periodista de guerra. Él obviamente sabía los peligros de cubrir ese tipo de historia, pero cuando se tiene vocación verdadera solo se piensa en hacer bien el trabajo y el peligro te pasa por el lado. La familia de Couso asegura hoy día que las tropas norteamericanas desplegadas en Bagdad buscaban matar periodistas. No puedo decir que esa tesis es cierta, pero es de conocimiento que las tropas norteamericanas dispararon sin cesar sobre las sedes de dos estaciones de televisión y atacaron el centro internacional de prensa ubicado en el Hotel Palestina. Las balas le perforaron el pecho a Couso. El problema de este caso que toca la fibra humana es que, desde que se supo del ataque, las autoridades militares de Estados Unidos nunca han podido dar una explicación sobre cuáles fueron los motivos del ataque. De hecho, tampoco los tribunales españoles han podido prevalecer en su pedido de investigación sobre responsabilidad militar en la muerte de Couso. El juez español Santiago Pedraz sostiene que los disparos contra el Hotel Palestina formaron parte de un plan diseñado para evitar que los medios de comunicación pudieran observar  cómo las tropas estadounidenses invadían a Bagdad y a cuántos mataban durante la incursión. La exclamación mayor la ha hecho la madre de Couso, que indignada le ha suplicado a Estados Unidos que le explique por qué atacaron a la prensa libre que hacía su trabajo cuando las autoridades militares conocían que en el Hotel Palestina se hospedaba toda la prensa internacional. Se supone que por estar en ese hotel estarían más que seguros los corresponsales. ¿Quién dio la orden de disparar y por qué?
El no juzgar a los militares que asesinaron a Couso ocasionó una encolerización de todos los medios de comunicación en el mundo.  Fue un evidente crimen de guerra, pero nadie a estas alturas asume responsabilidad. Se conoce quiénes fueron los tres militares que desde un vehículo militar dispararon, pues varios periodistas pudieron captarlos con sus cámaras.

Aunque aquí en Puerto Rico son pocas la ocasiones en que envían a periodistas a cubrir las zonas de conflicto, el aniversario de la muerte de Couso nos invita a reflexionar sobre las condiciones de trabajo de los periodistas de guerra y sus peligros. La reportera francesa Florence Aubenas, presidenta del comité de apoyo a los periodistas secuestrados en Siria y quien en el 2005 estuvo varios meses secuestrada en Irak, indicó en una entrevista del periódico Le Monde de Francia que, cuando ella empezó a hacer grandes reportajes en el Norte-Kivu en el Congo en 1994, ser periodista otorgaba una especie de protección. Aubenas señaló que la gente entendía que la prensa no era combatiente y la palabra prensa se exhibía con orgullo. Hoy día, indicó Aubenas, nadie le protege ni siquiera a los que les conviene que los cubras.

Evidentemente, la  imagen de los periodistas en la zona de conflicto ha cambiado. Antes los periodistas internacionales estaban considerados testigos neutros, ajenos al conflicto, pero ahora se ha perdido en parte ese respeto y los ven como testigos comprometedores. Me indigna llegar a la conclusión de que es como si tuvieran una impunidad para matar y silenciar a los que denuncian la verdad. El periodista español José Couso perdió la vida en Irak, pero también la perdieron cada uno de los periodistas en el mundo que observaron la fragilidad de la vida ante la vocación de informar. Durante estos diez años, la familia de José Couso lleva sobre sus hombros un calvario tratando de que se haga justicia sobre el plan premeditado, el mismo que asesinó a miles de inocentes.

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