Opinión: Perspectiva de mujer

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, además de actuar como recordatorio de las luchas y logros de las mujeres que nos precedieron…

Por María de Lourdes Santiago @marialourdespip

6 mar 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, además de actuar como recordatorio de las luchas y logros de las mujeres que nos precedieron, es también un señalamiento de lo mucho que nos queda por recorrer en el camino de la erradicación de los prejuicios y modalidades de discrimen que, aun cuando ya han sido superados en sus manifestaciones más descarnadas, continúan presentes en actitudes o expresiones más sutiles, pero igualmente retrógradas.  De ahí, por ejemplo, el aire “sanvalentinesco” que algunos le dan a la fecha —que, lejos de tener un origen rosado, se remonta  al espantoso incendio ocurrido en 1911 en una fábrica neoyorquina en la que murieron unas 140 mujeres que laboraban allí en condiciones infrahumanas— o la alabanza a la vocación de mártir que debe exhibir toda mujer para ser considerada digna hija de Eva.

Para cambiar ese absurdo marco en el que todavía se quiere encajonar a la femineidad, hace falta mucho, mucho más que celebraciones ocasionales, lemas simpáticos o aún legislación (buena parte de la cual es extraordinaria en papel, pero de escasa consecuencia en la realidad). Creo, para comenzar, que hay que distinguir entre los dos escenarios en los que se da día a día la lucha por la equidad de género y reconocer la relación entre ambos.  Uno es el íntimo o doméstico, en el que la desigualdad toma formas tan variadas como la violencia, el control de las finanzas familiares o el desbalance en la repartición de responsabilidades de cuido de niños y tareas caseras. Otro es el entorno social que creamos con la aplicación (o no) de políticas públicas e iniciativas gubernamentales, en las que el tema de género no ocupa el lugar que corresponde en la atención de asuntos como acceso a la justicia, educación pública, salud, vivienda, o gestión económica. 

Es con miras a promover esa imbricación que en el Partido Independentista Puertorriqueño hemos procurado convertir el tema de la mujer en algo más que un acápite obligado en la agenda política y subrayar la importancia del género en asuntos no etiquetados como tales. Como ejemplo está la crisis de la educación pública, que, aunque naturalmente compete al país entero, tiene un efecto particular sobre las mujeres, por ser nosotras las principales responsables (sin desmerecer el trabajo extraordinario de muchos papás) de la custodia y el cuidado de menores y también mayoría en el magisterio. En el caso particular de la educación especial, la gran mayoría de las proveedoras de servicios relacionados, tales como terapia ocupacional, terapia del habla, evaluaciones y tratamiento psicológico, son mujeres. Por lo tanto, las desafortunadas políticas de contratación del Departamento de Educación, que permiten que los intermediarios obtengan grandes ganancias pagando salarios de miseria a mujeres con excelente preparación académica y enorme vocación se convierten en una manifestación avalada por el Estado de marginación económica.

Algo similar ocurre con el desbocado entusiasmo del Gobierno con el subsidio a los empleos en precario, como persigue la disparatada Ley de Empleos Ahora: esfuerzos y recursos se dirigen a subvencionar la nómina de trabajos a salario mínimo y a tiempo parcial, de forma que las grandes cadenas de ventas al detal y de comida tengan cajeras y dependientas pagadas por el pueblo de Puerto Rico sin posibilidad de progreso laboral.  De la misma manera, es imperativo observar el nuevo perfil de personas sin hogar —muchas de ellas mujeres trabajadoras— o las particulares necesidades de salud de la mujer que deben perfilar la provisión de servicios y la fiscalización de los planes médicos.

Por eso es hora de superar proclamas, envíos de flores y discursos reciclados.  Urge entender que en el Puerto Rico de todos los días —no solo en marzo— la auténtica perspectiva de género nos hará ganar una mejor perspectiva de país.