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subsection: "Sin categoría"
author: "Inter News Service"
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published: "2013-12-17T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-22T12:26:32.826Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Día difícil para defensa de Casellas

_La defensa de Pablo José Casellas sufrió lo que parecieron ser dos reveses significativos con los testimonios de los dos agentes del Negociado Federal de…_

Por Inter News Service · Noticias / Sin categoría · 2013-12-17T03:00:00.000Z

La defensa de Pablo José Casellas sufrió lo que parecieron ser dos reveses significativos con los testimonios de los dos agentes del Negociado Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés), los cuales no pudieron contrarrestar durante sus respectivos contrainterrogatorios.

Quizás el más contundente de los testimonios fue el del agente Rubén A. Marchand, líder coordinador del equipo de recopilación de evidencia y entrenado en la investigación de trayectorias de proyectil, quien claramente estableció en sala que al menos tres de los seis disparos hechos durante el incidente del “carjacking” reportado por Casellas el 17 de junio de 2012, fueron hechos desde el asiento detrás del chofer de la guagua Acura MDX propiedad del acusado.

“El ángulo de los disparos [era] bastante alto, como hechos desde adentro del vehículo, en la parte del medio en el asiento de atrás”, dijo Marchand a preguntas de la fiscal Phoebe Isales.

Cónsono con el testimonio del agente federal es el hallazgo de tres casquillos de bala, calibre .380, dos de ellos detrás del asiento del chofer y uno del lado del asiento del pasajero.

Aun cuando el abogado de la defensa Harry Padilla trató de poner en duda el testimonio de Marchand, cuestionando el número de disparos, comparados con los fragmentos de proyectil recuperados en el interior del vehículo, el testigo mantuvo su declaración y la amplió durante el redirecto de la fiscal Isales.

Marchand señaló que aunque solo se recuperaron fragmentos de cuatro proyectiles en el interior de la guagua, éste explicó que se efectuaron al menos dos disparos más para los que no se recuperaron fragmentos.

“Del impacto en el limpiaparabrisas trasero, y que después llegó hasta la puerta trasera de la guagua, no se recuperó un proyectil… Y tampoco del disparo que se hizo desde el interior de la guagua y que hirió a la víctima, y rompió la ventana del lado del pasajero”, contestó Marchand a preguntas de Padilla.

Aun cuando se hicieron seis disparos, la guagua tenía ocho impactos visibles de bala porque al menos dos de los proyectiles habían perforado dos lugares distintos –el proyectil que provocó los impactos en el limpiaparabrisas y la puerta trasera, y el proyectil que perforó la tercera fila de asientos de la guagua y fue a alojarse en la parte posterior de la segunda fila de asientos.

Marchand declaró además sobre el hallazgo de manchas de una substancia roja “que parecía ser sangre” en los asientos del chofer y del pasajero, y en la consola central de la guagua.

“En este Acura [modelo MDX] había evidencia que incluía manchas rojas de aparente sangre. La mayoría de esas manchas estaban en el asiento del chofer y la consola del medio. Eran gotas de 90 grados”, explicó Marchand, mientras hacía un ademán para demostrar cómo supuestamente habían caído las gotas del líquido.

“Había unas gotas en la consola que se escurrían hacia el asiento del pasajero”, añadió Marchand a preguntas de Isales.

Del lado del asiento del pasajero también había manchas rojas, pero en el espaldar y no en el asiento. Las manchas en el espaldar “parecía como si la hubieran frotado de lado a lado”.

Padilla no hizo preguntas sobre las manchas de sangre.

Por otro lado, el también agente del FBI, Eduardo Valdivia señaló que el 14 de julio de 2012, el día en que se reportó el asesinato de Carmen Paredes, del que se acusa Casellas, éste señaló que escuchó “aproximadamente nueve tiros”. Valdivia era residente de la urbanización Villa Gardens, la cual colinda directamente detrás de Tierralta III, en donde residía el matrimonio Casellas-Paredes.

El balcón del apartamento tipo “walk-up” en el que residía Valdivia daba para el patio y piscina de la casa de los Casellas-Paredes.

“Yo estaba desayunando cuando a aproximadamente a las 9:13 escuchó nueve tiros que venían de la dirección de Tierralta”, dijo Valdivia a preguntas de la fiscal Janet Parra.

Valdivia llamó entonces al cuartel de la policía de Guaynabo y pidió que enviaran policías a investigar a Tierralta III. Sin embargo, los policías llegaron hasta el portón de su urbanización.

Una media hora después, Valdivia escucho otros dos disparos.

“Yo escuché dos tiros más fuertes y más cerca”, dijo el agente federal, quien volvió a llamar a la policía y le informó que parecían venir de la casa de Casellas.

Valdivia fue entonces hasta el balcón de su apartamento.

“Me asomé por el balcón para ver si podía ver algo. No vía nadie entrar, ni salir… y no ví a nadie brincar una verja”, dijo.

Las declaraciones de ambos agentes parecen apoyar la teoría de la fiscalía de que Casellas concibió un elaborado plan, que incluía el orquestar un “carjacking” que nunca tuvo lugar, y el inculpar del asesinato de su esposa a “un negrito que no existe”.

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