Opinión: Nuevo impulso en la UPR
Suena muy alentador el arribo a la presidencia de la Universidad de Puerto Rico (UPR) del profesor Uroyoán Ramón Emeterio Walker Ramos, un entusiasta y joven…
Suena muy alentador el arribo a la presidencia de la Universidad de Puerto Rico (UPR) del profesor Uroyoán Ramón Emeterio Walker Ramos, un entusiasta y joven matemático del Recinto Universitario de Mayagüez, académico por elección y, según ha reiterado, fiel defensor de la concertación, el diálogo y la democracia participativa.
Con su designación ya ganamos, puesto que la noticia ha comenzado a quebrar algunos andamios de la vieja estructura de poder que ha reinado en la universidad del Estado, validando, a su vez, el espacio de autonomía que debe primar siempre en la dirección de la institución.
Conocemos que su nombramiento agrietó la obstinación de quienes osan dirigir la UPR por control remoto, nombrando y destituyendo funcionarios para moldearla a su gusto, que en muchos casos también es a su imagen y semejanza.
Esas personalidades, que viven de espaldas al país, renuentes a conceder entrevistas periodísticas, pero que intentan imponer sus criterios bajo la sombra de voces amigas que controlan algunos de los micrófonos que mercadean análisis noticioso en las ondas radiales, han recibido una buena lección.
Sin embargo, en la discusión pública se ha quedado un mal sabor por el ataque infundado que se ha vertido contra la elección de Walker Ramos por ser, simplemente, un académico comprometido, sin linaje oligárquico ni conexiones en las altas esferas del poder gubernamental.
Algunos presuntuosos, por ejemplo, lo descartaron ipso facto por la única razón de no haber cruzado nunca una palabra con él. ¡Vaya criterio! Otros, de esos que viven de espaldas a la universidad y desconocen la valía de sus académicos e investigadores, lanzaron lodo contra el nuevo presidente con comentarios revestidos de tonos racistas y clasistas.
Y como si fuera poco, varios medios informativos, de los más poderosos y de mayor alcance, anunciaron su elección con fuerte sorpresa y alguna perturbación.
La comunidad universitaria, por su parte, ha sido muy parca en destacar el ritmo de negociación que primó a último minuto en la reunión de la Junta de Gobierno para revertir el impulso que llevaban los candidatos reconocidos como “favoritos”. Recordemos que hay procesos que deben ser registrados como pasos de avance en la ruta por superar las míseras imposiciones del pasado.
En este caminar se debe destacar, además, el manejo estratégico del directivo Denis Rivera, quien en unión a varios de sus colegas, ejerció su curtido arte de negociación para conjugar las fuerzas políticas en el cuerpo regente de la UPR a favor de una nueva conformación de poder universitario.
La estrategia fue tan eficaz que se rumora que, a semanas de haber concluido el proceso de selección, hay quienes aún resienten la estocada porque, ante todo, han visto cristalizada su fragilidad.
Ahora se asoma un nuevo tiempo para nuestra universidad. Una vez seleccionado, Walker Ramos tiene ante sí un gran reto porque sobre él descansa la esperanza de que nuestra alma máter adquiera un nuevo impulso y vuelva a ser reconocida entre el grupo de las más destacadas e importantes instituciones de educación superior del mundo.
La ecuación no debe ser compleja. En la UPR hay talento; sus profesores, investigadores, trabajadores no docentes y estudiantes gozan de un alto prestigio y profesionalismo. Apoyemos ese esfuerzo y honremos el trabajo universitario legitimando, a su vez, los justos reclamos de los distintos sectores de la comunidad académica que día a día, sin descanso, aportan al mejoramiento de nuestro país, reafirmando valores de democracia, equidad y solidaridad.
La universidad inicia hoy una nueva etapa. Un joven líder, que lleva grabado en su nombre la seña esperanzadora de uno de nuestros más grandes pensadores y luchadores, asume un gran desafío. Una luz se asoma en el camino.


