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section: "Noticias"
author: "Hiram Guadalupe @hiramgp"
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published: "2013-11-18T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-22T15:41:32.677Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinón: Ventanas rotas

_El anuncio de la designación de James Tuller como superintendente de la Policía vino acompañado de la estrategia anticrimen que experimentó hace varias décadas…_

Por Hiram Guadalupe @hiramgp · Noticias · 2013-11-18T03:00:00.000Z

El anuncio de la designación de James Tuller como superintendente de la Policía vino acompañado de la estrategia anticrimen que experimentó hace varias décadas la ciudad de Nueva York, presentada como la gran panacea para resolver nuestros problemas.

Sin embargo, tras el anuncio gubernamental se ocultaron algunos de los postulados de esa estrategia anticrimen y sus consecuencias, resonando solo su impacto en la reducción en algunos delitos, en particular los asesinatos.

Bajo la teoría de las “ventanas rotas”, Nueva York instituyó la política policiaca de Tolerancia Cero en la década de 1990 bajo el exalcalde Rudolph Giuliani y continuada por su sucesor Michael Bloomberg, cuyo enfoque fue redirigir la inversión social hacia la policía reduciendo el presupuesto destinado a atender las áreas de servicios esenciales para los ciudadanos.

La teoría sugirió que los problemas de seguridad tenían que enfrentarse con más fuerza, incrementando el uso de tecnologías de vigilancia, recrudeciendo penas y reprimiendo vehementemente cualquier transgresión de ley por más insignificante que sea.

Con la asunción al poder de Bloomberg, en enero de 2002, el programa Tolerancia Cero descentralizó y reestructuró el Departamento de la Policía, al tiempo que reforzó la acción represiva en la ciudad con su expansión a las escuelas públicas, cuyo fin buscaba asediar a los más jóvenes.

De la misma manera, se redefinió la utilización de los recursos policiacos introduciendo un nuevo diseño organizacional que impuso esquemas rígidos de evaluación de los policías como si se tratara de convoy paramilitares.

La policía recibió adiestramiento en tácticas de combate, al tiempo que se les proveyó un nuevo sistema informatizado, que se conoció como el Computerized Statistics (Compstat) y que significó una nueva forma de agrupar datos sobre acciones delictivas.

Así las cosas, el modelo de Nueva York se sostuvo en un fuerte andamiaje represivo zurcido en un sofisticado diseño de vigilancia normalizada como control social y disciplinario.

Según la Coalición de Derechos Civiles de Nueva York (NYCRC, en inglés), en solo dos años 45,000 personas fueron arrestadas en la ciudad como sospechosas por la comisión de algún delito, de los que 37,000 carecieron de justificación.

Esta implacable política anticrimen se dirigió desde sus inicios a atacar casi exclusivamente a las poblaciones afroamericanas y latinas de la ciudad, por lo que se tornaron en intervenciones racistas, clasistas y xenofóbicas.

La Agencia de Justicia Criminal de Nueva York reveló que en 2003 el número de arrestos contra negros y latinos se alzó, ocupando el 80 % de las detenciones que, en la mayoría de los casos, atendía a asuntos de delitos menos graves.

Asimismo, un estudio de la NYCRC de 2010 señaló que más de una tercera parte de los jóvenes negros neoyorquinos, entre las edades de 18 y 29 años, se encontraban bajo vigilancia del sistema policial o penal.

Ni hablar del aumento en la brutalidad policiaca, como fue el caso de tortura física y sexual contra Abner Louima, un inmigrante haitiano con quien la policía intervino sin causa en Brooklyn; o el asesinato del inmigrante africano Amadou Diallo, en 1999.

Bajo esta política policiaca se redujo la incidencia delictiva en la ciudad, mas hubo factores sociales, culturales y económicos que también incidieron, como la reducción del mercado del crack y la heroína y el aumento en la tasa de participación laboral, hechos que mejoraron la condición social de los ciudadanos y su calidad de vida.

La ecuación, a todas luces, parece ser más sencilla y menos policiaca. Si las condiciones sociales y económicas de los ciudadanos mejoran, es de esperar que el registro de actividades delictivas disminuya, porque a mayor estabilidad económica, mejor calidad de vida. Ahí está la receta.

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