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Dentro de la cancha, el enebeísta José Juan Barea muestra una agresividad típica de cualquier deportista que quiere llevar a su equipo al lugar número uno. Sin…

Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz

24 oct 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Dentro de la cancha, el enebeísta José Juan Barea muestra una agresividad típica de cualquier deportista que quiere llevar a su equipo al lugar número uno. Sin embargo, en la carretera, el atleta prefiere respetar las leyes de tránsito, aunque, según confiesa, en ocasiones aumenta una o dos millas más de lo estipulado.

Con esa embocadura, el deportista de 29 años abrió las puertas de su carro para dar a conocer cuál ha sido su experiencia con el sector automotriz. Además, el baloncelista del equipo de los Timberwolves de Minnesota compartió anécdotas sobre sus primeros carros, las situaciones más incómodas que ha atravesado mientras conduce y cuál es el vehículo que quisiera heredarle a su primogénito, Sebastián José.

¿Cómo describes tu relación con los carros?
—Siempre me han gustado. No soy un fiebrú full, pero me gusta tener buenos carros y trato de cuidarlos. En Estados Unidos, me gusta tener dos: una guagua y un carro sport más rápido. Y en Puerto Rico siempre me ha gustado mantener uno para cada vez que vengo. Por eso, tengo un jeep, porque con él no tengo que preocuparme mucho en la carretera y puedo pasarla bien.

¿Qué manejas actualmente?
—Una guagua Land Rover, un Maserati de 2010 en Minnesota y un jeep en Puerto Rico.

¿Cuál fue tu primer carro?
—Mi abuelo le regaló un Jetta de 1993 a mi hermano y él lo usó por dos años. Después se fue a la universidad y yo saqué la licencia rápido porque lo quería, porque el carro estaba ready.

¿Cuánto duró ese primer carro?
—Me duró mucho. Pero igual lo usé dos años y luego lo usaba cuando venía porque también me fui a estudiar afuera.

Luego de eso, ¿Cuál fue el primer carro que te compraste cuando empezaste a ganar dinero jugando baloncesto?
—Una guagua Infiniti usada. El único carro que tengo nuevo es el jeep. Todos los demás los he comprado usados. Creo que un carro que tenga poco millaje vale la pena comprarlo, porque el precio baja un montón. Esa Infiniti se la regalé a mi papá.

¿A qué velocidad vas en la carretera?
—Siempre a lo que se debe. A veces a un poquito más o a un poquito menos, pero depende de la situación. No soy de esos que guían a las millas por ahí.

¿Te han parado los guardias? ¿Has tratado de convercerlos de que no te den el ticket? 

—Sí, casi siempre me dan break. Hasta en Estados Unidos me han dado break. Pero depende de la situación, pues cuando me han parado no ha sido por nada serio. Siempre voy a una velocidad adecuada.

¿Cuál es la anécdota más incómoda que has tenido en un carro?
—Recuerdo que choqué una vez porque se me viró un refresco encima en el carro y cuando miré hacia al frente ya estaba contra la valla. También hace poco me pararon por usar el celular, porque no sabía que en Puerto Rico ya no se podía.

¿Has tratado de seducir a alguna chica presumiendo con el carro?
—No. Incluso, la primera vez que usé el Maserati y me tuve que bajar en un estacionamiento me sentí medio raro porque todo el mundo empezó a mirar el carro.

¿Temes que los carros te roben el spotlight?
—Sí, me gusta el carro y me gusta cómo se siente. Al guiarlo no pienso en nada más.

¿Lavas tus propios carros?

—Los lavaba, sobre todo el Jetta. Pero ya no lavo carros. Si acaso le paso un pañito, pero ahora si está sucio se queda sucio y seguimos.

¿Cuánto ha sido lo que más has pagado por un carro?
—Lo que más he pagado ha sido un poquito menos de $75 u $80 mil, así que por ahí a menos que valga la pena. Pero no soy de esas personas que pagan más de $100 mil por un carro. Me gustan las cosas normales. El Maserati lo tengo porque era de un compañero y tenía buenas millas, pero no me gusta pagar más de eso por un carro porque deprecian mucho.

Ahora que tienes el capital para hacerlo, ¿Cuál sería el carro de tus sueños que adquirirías?
—El Maserati siempre me ha gustado desde la primera vez que lo vi. Pero diría que un carro deportivo como un Lamborghini o un Ferrari, pero con el Maserati estoy contento.

¿Puede el poder adquisitivo ser otro factor que motive a los jóvenes a seguir tu ejemplo?
—Yo he trabajado mucho y he logrado mucho por todo lo que he hecho, por- que he aprovechado las oportunidades. Pero he tenido la suerte de tener estas cosas que me motivan a trabajar más duro para tenerlas.

¿Le enseñarías tú mismo a guiar a Sebastián José o le pagarías las clases?
—Yo le voy a enseñar a guiar y espero que, cuando él cumpla los 16, pues se pueda llevar ese jeep, que espero esté vivo todavía para que él le dé paleta. Pero vamos a ver si dura hasta allá.