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title: "Opinión: Contrasentidos"
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canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/10/21/opinion-contrasentidos"
section: "Noticias"
author: "Hiram Guadalupe @hiramgp"
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published: "2013-10-21T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-22T18:37:00.660Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Opinión: Contrasentidos

_Asistimos a una sociedad que ha ido encareciendo acelerada y significativamente el costo de vida, elevando como la espuma los precios para adquirir bienes y…_

Por Hiram Guadalupe @hiramgp · Noticias · 2013-10-21T03:00:00.000Z

Asistimos a una sociedad que ha ido encareciendo acelerada y significativamente el costo de vida, elevando como la espuma los precios para adquirir bienes y servicios y generando, a su vez, un condicionamiento cada vez más precario en la cotidianidad de nuestra ciudadanía.

Junto con ello, el nivel de los salarios se mantiene estancado y, como si fuera poco, el mecanismo fiscal que el Gobierno ha adoptado para paliar la insuficiencia de recursos ha sido la imposición de gravámenes que laceran el bolsillo del sector trabajador y profesional del país, incluyendo a los pequeños comerciantes y empresarios nacionales.

Aún no convence la idea que esbozan los emisarios gubernamentales cuando afirman que la opción para aumentar los recaudos del fisco está en elevar la tasa de impuestos justo en medio de una economía que se encuentra en recesión. Parece, a todas luces, un contrasentido.

No se percibe, al mismo tiempo, una acción agresiva y concertada del Estado para alterar las bases del modelo económico. El paradigma sobre el que funciona el Gobierno, independientemente del color que vistan los inquilinos en Fortaleza, es el mismo.

Iguales son, además, las formas de concebir la estructura económica y el ordenamiento público administración tras administración. Todos han pecado del mismo mal: carecen de políticas económicas estratégicas y se refugian en los parches.

Este hecho devela que, lamentablemente, el problema económico por el que atraviesa el país no será resuelto hasta tanto no se cambie la forma de ver y concebir la estructura económica y no se redefinan las reglas del mercado.

Lo que hemos visto, al paso de las últimas décadas, son Gobiernos impulsando medidas protectoras para ciertos sectores de la economía, al tiempo que se mantiene inalterada la base de dependencia de una buena parte de la población sobre la que no hay políticas activas para ofrecerle oportunidades de romper con los ciclos de la manutención, ya sea a través de la creación de empleos, asunto cada vez más difícil de lograr en nuestra sociedad, o sobre el impulso de prácticas autogestionarias y de emprendimiento social y financiero.

En el diseño de operación de los gobiernos, populares y penepés, sujetos a sus estructuras partidistas, ha resultado más conveniente la marginación social con dependencia económica que incentivar el camino hacia la conformación de modelos de autogestión comunitaria y de economía social y solidaria.
 El primero sostiene el régimen electoral que, sobre premisas demagógicas, endurece los nudos del cíclico orden cuatrienal del que dependen los partidos políticos. El segundo, en tanto, pudiera ser un vehículo para romperlo.

Uno de los problemas está en que bajo el diseño sobre el que el Gobierno maneja el modelo económico, cuando comienzan a aflorar las dificultades financieras, se impulsan políticas de austeridad aderezadas de un discurso que evoca el camino mesiánico hacia la alegada recuperación de la confianza económica del país.

Estas políticas son consecuencia de la crisis derivada del endeudamiento al que nos someten los políticos, quienes, para procurarse un respiro electoralista, nos llenan de deudas que somos incapaces de pagar. Entonces, arguyen, hay que recortar, achicar y privatizar el Estado, y el discurso de la desregulación se presenta como panacea.

Esa dirección revierte negativamente contra los ciudadanos. Aún no hay una experiencia histórica en la que las salidas hacia la desregulación gubernamental, que es lo mismo que hablar de privatizaciones y políticas neoliberales, hayan sido eficaces para solventar la crisis fiscal del Estado y beneficiar a los sectores productivos. Menos imaginar que sean prácticas a favor de los grupos marginados.

Estas políticas, por el contrario, elevan los índices de desigualdad social, aumentan la pobreza de los ya pobres y provocan el empobrecimiento de quienes conforman la base laboral productiva.

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