Siria: una olla a presión
Barack Obama ha endurecido el tono sobre Siria y, a pesar de que ha dejado la patata caliente en manos del Congreso de su país, el ganador del Nobel de la Paz…
Barack Obama ha endurecido el tono sobre Siria y, a pesar de que ha dejado la patata caliente en manos del Congreso de su país, el ganador del Nobel de la Paz ha justificado el ataque por dar credibilidad a las instituciones internacionales. Ahora resulta que lo importante no es lo que él y su gobierno piensan sino lo que piensa el mundo. ¿Será un síntoma de debilidad?
El jefe de las fuerzas armadas del tío Sam está decidido a atacar pero por primera vez se le ha visto con la cola entre las patas y por ello ha puesto a trabajar duro a sus funcionarios para conseguir apoyos o al menos la no injerencia de Rusia.
Estados Unidos no se tomó tantas licencias en su día para atacar Irak en busca de armas de destrucción masiva. Ahora y tras la confirmación de que en Siria se han usado armas químicas, Obama se lo piensa dos veces. ¿A qué tiene miedo?
Uno a desestabilizar aún más la región, y dos a poner en riesgo a sus dos aliados en la zona: Israel y Turquía.
Sin embargo a pesar de las críticas y de si unos estemos de acuerdo o no con las acciones militares contra el régimen de Al Asad, lo cierto es que dejar impune el magnicidio con el uso de gas satín sería algo así como refrendar el uso de este tipo de armas en los conflictos.
Pronto dejamos atrás las tensiones en Irán y Corea del Norte, ahora el foco se centra en Siria, en la olla a presión del mundo, y ojo, está al rojo vivo.


