Celveza fría…
Si está bien fría y hace mucho calor, es tan sabrosa como la lengua oral espontánea, sin prejuicios, sin inhibiciones por parte de sus hablantes y en plena…
Si está bien fría y hace mucho calor, es tan sabrosa como la lengua oral espontánea, sin prejuicios, sin inhibiciones por parte de sus hablantes y en plena acción. Me resulta imposible apagar mi oído fonético. Por eso, cada vez que oigo radio, estoy con un grupo de amigos o entre multitudes, como los juegos de la Copa Tuto Marchand (¡el partido contra Argentina estuvo espectacular!), no puedo evitar escuchar los procesos fonéticos que se desencadenan en boca de los hablantes que están a mi alrededor, es decir, los fanáticos del Baloncesto Superior.
¡Es un verdadero festín deportivo y fonético! Sentada allí con mi familia y amigos, escuchaba a hablantes alternar la l y la r (todos lo hacemos); por ejemplo, “Qué calol hace”, con una l suave al final de sílaba, o “Arriba, Puelto Rico”, al igual que el muchacho que iba gritando a boca de jarro: “¡Celveza fría, celveza fría!”, y como a mi alrededor pedían una “cul lait” (Coors Light) o “poscorn”. También escuché muchos anglicismos adaptados como “donquió” (muy frecuentes en la jerga deportiva) y la aspiración de la s, y alternancias de l/r, como en “Baloncehto Superiol”, etcétera. Es obvio que estas personas —todas ellas educadas— no escriben como pronuncian. Pero no es menos cierto que en el juego de Puerto Rico y Brasil, y antes de ayer, en el de Puerto Rico y Argentina, todo era emoción, algarabía y fonética. Ciertamente, el escenario de un “paltido” de “balocehto” desata entre los fanáticos una espontaneidad que no conoce límites. Mucha acción deportiva en la cancha, mientras que en las gradas, mucha acción fonética. Así es la lengua oral. ¡Puelto Rico, ahí!


