Que “naiden” se lo pierda
Excepto por un amigo cibernético que me precio de tener, nadie dice “naiden” a propósito (por lo menos que yo sepa).
Excepto por un amigo cibernético que me precio de tener, nadie dice “naiden” a propósito (por lo menos que yo sepa).
Naiden convive con nadie, pero la primera se aparta de la norma general y, además, no es bien vista ni oída por muchos. Incluso, si usted dice “naiden”, puede que lo den por tarado, bruto, ignorante y hasta le cojan miedo, aunque sea usted un genio. ¿Por qué? Porque la lengua está estigmatizada, y los que no saben nada de lingüística juzgan a las personas por su forma de hablar.
Los lingüistas no juzgan; los lingüistas describen los fenómenos, los registran y tratan de explicar qué los desencadena o por qué ocurren estas alternancias.
Entonces, vamos a lo que vinimos: naiden revela dos procesos fonéticos que fueron y siguen siendo muy productivos en español: la paragoge (que es la adición de un sonido al final de una palabra) y la metátesis (que es el intercambio de sonidos dentro de una palabra). ¿Por qué algunas personas, muchas con educación superior, dicen “naiden” en vez de “nadie”? Bueno, una razón es porque la oyeron en su casa, de sus padres y sus abuelos y, aunque recibieron educación, pudo más la influencia familiar que la enseñanza escolar. Muchas sencillamente no tuvieron las oportunidades académicas que otras han tenido.
De todas formas, algunos estudiosos sugieren que esa -n final de naiden surge por analogía con la -n final de su antónimo alguien.
De manera que si llega alguien, tan pronto se marche no quedará naiden. Interesante, ¿no? Pues comparta su METRO, ¡para que ni naiden ni nadie se lo pierda!


