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title: "Hijo de... Chantal"
description: "Las lluvias del jueves pasado —o el paso de facto de Chantal— se merecen una columna, no por las lluvias, porque ya hemos hablado en este espacio sobre las…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/07/24/hijo-de-chantal"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2013-07-24T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T03:00:26.387Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Hijo de... Chantal

_Las lluvias del jueves pasado —o el paso de facto de Chantal— se merecen una columna, no por las lluvias, porque ya hemos hablado en este espacio sobre las…_

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2013-07-24T04:00:00.000Z

Las lluvias del jueves pasado —o el paso de facto de Chantal— se merecen una columna, no por las lluvias, porque ya hemos hablado en este espacio sobre las maravillas de “vivir en el trópico”, sino por la respuesta de la especie borincana al fenómeno natural.

No viví el fenómeno sentada en la oficina o arropada en la cama, lo que debí haber planificado con tiempo si le hubiera prestado atención a Ada Monzón, a Deborah Martorell o a Roberto Cortés, como debí hacerlo. Porque contrario a lo que la gente se ha matado diciendo, ellos sí lo anticiparon. Es que nadie escuchó ni prestó atención porque no había show montao ni locura colectiva en vivo con remotos desde centros de emergencia ni anuncios de baterías duraderas pa’l flashlight, ni jackets secos de jefes de agencia en conferencias de prensa, ni compra loca de salchichas.

Lo viví en medio de dos reuniones que requerían que me transportara en carro, y de camino a mi casa, ubicada donde la nube se posó sin piedad. Llegué a mi segunda reunión del día en medio de un aguacero, a una conferencia de prensa superrelevante que temí que se ahogara en la cobertura noticiosa debido al diluvio moderno que experimentábamos.

Durante la conferencia de prensa, cuyo trasfondo eran los jarrones de agua que caían del cielo, cayeron por lo menos cuatro rayos con sus respectivos truenos, que yo juraba que iban a partir el lugar en cantos. El temor a que todos se olvidaran de la conferencia de prensa era mucho menor al horror que oculté todo el tiempo dentro de mí, porque todo el que me conoce bien sabe que le tengo terror a los rayos y truenos. Soy de las que sufre al ver el rayo y se tapa los oídos gritando, donde quiera que esté, en espera del trueno. Y cuando digo terror, es terror, pero de buscar refugio donde no vea el rayo, aunque me raspe el trueno. Haber disimulado tanto por espacio de casi una hora, me hace merecedora de un Óscar. Nadie se dio cuenta del sufrimiento que tenía por dentro. Y hasta sonreía como si lo estuviera pasando bomba.

Después tenía una reunión a la que no pude llegar porque, como buena puertorriqueña, dejé el paraguas en el carro, y como buena mujer con un poco de orgullo, me acababa de pasar el blower con todo y vigilancia de inundaciones. En medio del caos vehicular a la entrada de la Baldorioty, alguien me llamó para reclamar mi tardanza, a mí, que he instituido el terror a la impuntualidad. Le pedí a mi imprudente interlocutor que se asomara por la ventana si quería conocer la razón de mi tardanza y, cuando se asomó, insistió: “¿A qué hora llegas?”. Yo, en medio del tapón, con un teléfono en mano y con la otra buscando esquivar la marea en la Baldo, solo pude decir con evidente tono de frustración: “¿Sabes qué? Ahora no llego”. Total, si él estaba seco. Qué le importa si yo estaba tarde.

Convencida de que ya no podía hacer nada para seguir moviéndome, literalmente me detuve en el camino. No era seguro seguir la marcha. Y buscando hacer eso de “a mal tiempo, buena cara”,  me reí como loca en vez de llorar.

Acomodadita allí en la marginal de Miramar me dio risa ver nuestra respuesta al caos. La gente se queja de que el carro se le quedó, pero —hello—, si intentas pasar el río en un Fiat, créeme que te vas  a quedar. Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fue la tocaera de bocina. ¿Alguien puede decirme si alguna vez un semáforo se ha arreglado, o un accidente se ha corregido, o una alcantarilla se ha destapado, o un carro con motor inundado ha prendido porque tocamos bocina? No, ¿verdad? Entonces, ¿por qué rayos la bocina? Por frustración, me dijo un amigo. Caramba, no sea tan públicamente irrazonable. ¡No sea hijo de… Chantal!

Pero la nueva de estas lluvias fue Twitter. La gente en medio del gigante charco bajaba la ventana con su celular y clic, foto pa las redes, que hay que compartir la desgracia con los friends, tipo “yo estoy más inundado que tú”. Y si en medio de la proeza te tocaron bocina, qué importa, ya la posteé.

Sin ir al psiquiatra, he optado por reírme de lo ridículo. No tengo mucho tiempo para citas y, de seguro, de camino a ellas, llueve, así que en lo que puedo ir a una cita, subo el volumen, río… y canto.

¡Pero no soy hija de… Chantal!

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