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title: "Suprema decisión"
description: "Vivimos en una época que exige que los derechos civiles se ajusten a los signos que marcan el orden político y social de los tiempos. Lejos de dogmatismos, hay…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/07/01/suprema-decision"
section: "Noticias"
author: "Hiram Guadalupe @hiramgp"
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published: "2013-07-01T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T04:54:23.202Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Suprema decisión

_Vivimos en una época que exige que los derechos civiles se ajusten a los signos que marcan el orden político y social de los tiempos. Lejos de dogmatismos, hay…_

Por Hiram Guadalupe @hiramgp · Noticias · 2013-07-01T04:00:00.000Z

Vivimos en una época que exige que los derechos civiles se ajusten a los signos que marcan el orden político y social de los tiempos. Lejos de dogmatismos, hay que reconocer y aceptar que nadie, bajo ninguna circunstancia, debe vivir al margen de la protección de la ley.

En el caso de las relaciones interpersonales, el asunto adquiere mayor relevancia y se hace eco en la hermosa consigna pronunciada por los representantes del Partido del Pueblo Trabajador en la pasada campaña electoral: “Todos los derechos para todos los amores”.

En Puerto Rico, lamentablemente, aún arrastramos vestigios de una visión primitiva y ultraconservadora cuando nos corresponde abordar temas tan relevantes como el matrimonio igualitario. La rítmica de esta discusión desentona en las voces de algunos políticos y religiosos que, amparándose en preceptos ortodoxos, desatan una furia desmedida contra quienes defendemos el reclamo histórico a favor del respeto y la equidad.

Ese ensañamiento que presume de visos proféticos le hace daño al país y, más allá de pretender enclaustrarnos ideológicamente en zonas de ignominia, se distancia de la defensa que los buenos religiosos profesan a favor de los más desventajados.

El eje de su sórdida argumentación gira en torno a la defensa de “la familia”, asumida esta como una organización social restricta que, en el alivio de sus pesares, es definida por sobrias y puritanas lecturas bíblicas.

El resultado, como bien lo expresó esta semana el destacado teólogo Luis Rivera Pagán, convierte a sus iglesias en bastiones del discrimen, la exclusión y la homofobia.

Mas, en contraposición a esa obstinación religiosa, se posiciona el impulso que ha tomado la lucha por la igualdad de la comunidad LGBTT que, en un paso agigantado y gratificante, esta semana celebró la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que consignó la igual protección de las leyes federales para los matrimonios de personas del mismo sexo.

Con esa histórica decisión, el más alto foro judicial estadounidense subrayó el precepto de cero discrimen al anular las disposiciones de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA, en inglés) que, aprobada en 1996 por el expresidente demócrata Bill Clinton, negó los beneficios federales a estos matrimonios.

A su vez, la determinación de los jueces declaró inconstitucional la prohibición al matrimonio gay que se aprobó en California y que se conoció como la Proposición 8.

El paso que ha tomado la Judicatura federal debe ser considerado seriamente para que reflexionemos en torno al rumbo que, como sociedad, debemos tomar para atemperar nuestras leyes a una nueva realidad.

Desde el escenario político, se hace urgente la revisión de nuestro Código Civil y el inicio de la discusión en torno al matrimonio igualitario y las normas de adopción de infantes.

Cierto es que en las pasadas semanas logramos, tras una larga lucha, la aprobación en la Legislatura de un par de medidas antidiscriminatorias que ya han sido firmadas por el gobernador. Pero es igualmente cierto que estas legislaciones son insuficientes porque dejan desamparadas otras áreas importantes para conformar una sociedad que reconozca la igualdad en derechos humanos y civiles para todos y todas.

Como país, en tanto, nos corresponde continuar luchando por ampliar nuestra base legal y política para erradicar todo tipo de discrimen. Y en ese camino es importante exigir a nuestros representantes legislativos que atiendan el reclamo a favor de la modificación de nuestro ordenamiento legal para que incorporemos el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Este es un asunto que requiere acción y, para quienes aún dudan, el mensaje que subyace en la decisión del Tribunal Supremo estadounidense es claro: privar a la ciudadanía del derecho al matrimonio, sea heterosexual u homosexual, es un acto de discrimen.

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