Punto de Vista: No nombrarás en vano

La entrega simbólica de la llaves de Monterrey a Jesucristo por parte de la alcaldesa Margarita Arellanes en un evento evangélico hizo que, en esta ocasión…

Por José Lebeña @jlebena

19 jun 2013, 12:00 am 2 min de lectura

La entrega simbólica de la llaves de Monterrey a Jesucristo por parte de la alcaldesa Margarita Arellanes en un evento evangélico hizo que, en esta ocasión, los defensores del estado laico se rasgaran las vestiduras y hayan terminado por acusarla de violentar el artículo 130 Constitucional.

Pero todo hay que decirlo, Arellanes no ha sido la primera ni será la última en hacerlo. Además, ella se ha dado a la tarea de fomentar los valores y los derechos de todos los sectores de la sociedad. Hace poco menos de un mes apoyó por primera vez la carrera contra la homofobia y participó en una ofrenda católica en la catedral. Y es que ella gobierna para todos, y así debe de ser sin embargo sí se excedió en su intervención. ¿Qué dirán los ateos, los judíos, los budistas, todos aquellos que no sean cristianos que viven en esta ciudad? Y es que muchas veces los valores de unos se contraponen a los de otros.

Margarita se pasó y sólo hay que ver el video en el que parece entrar en éxtasis como Santa Teresa, sólo hacía falta que bajara una paloma como señal divina y al final le salió el tiro por la culata.

Pero no nos quedemos aquí, vayamos más allá. ¿Cuántas veces han escuchado al presidente de Estados Unidos y al huésped de la Fortaleza de San Juan dar la bendición y ver a los presidentes y gobernadores nacionales correr despavoridos al Vaticano para besarle la mano al papa de turno con la excusa de que es un jefe de estado? ¿Quién se los cree?

Profesar una religión no es ningún delito, ni nada malo, sólo se cuestiona su injerencia en la vida política del país, aquella que Benito Juárez se ocupó de salvaguardar. Un ejemplo y aunque parezca inverosímil en Asturias, donde muchos alcaldes festejan a los santos bajo el palio, las vacaciones de Navidad pasan a llamarse las vacaciones de invierno y las de Semana Santa, las de primavera, algo similar a lo que ya tienen definido en Francia.

No lo hagamos más largo pero tanto en la vida como en política, sólo quedémonos con el segundo mandamiento: No nombrarás a Dios en vano.