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title: "Un beauty de estrés"
description: "Tengo pocos vicios y no soy muy materialista que digamos. Tengo pocas cosas materiales de gran valor, porque le doy prioridad a otras que me dan mayor…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/05/29/un-beauty-de-estres"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
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published: "2013-05-29T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T07:38:14.400Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Un beauty de estrés

_Tengo pocos vicios y no soy muy materialista que digamos. Tengo pocas cosas materiales de gran valor, porque le doy prioridad a otras que me dan mayor…_

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2013-05-29T04:00:00.000Z

Tengo pocos vicios y no soy muy materialista que digamos. Tengo pocas cosas materiales de gran valor, porque le doy prioridad a otras que me dan mayor felicidad. Tengo la misma casa y el mismo carro de hace diez años y no siento ninguna presión por cambiarlos (aunque la verdad-verdad el carro ya debería).

Pero estar liberada de esos estreses no significa que no tengo otros. Y para liberarlos, una persona normal haría yoga, ejercicios, meditación o iría al psiquiatra, pero yo tampoco hago eso. Yo voy al beauty.

Para la mayoría de las mujeres, ir al beauty es una terapia. Pero tiene que ser el beauty correcto. Porque el beauty es una especie de masoquismo en menor escala, y no elegirlo bien puede ser una tortura.

Si lo piensan bien, no hay mucho de relajación en la mayoría de los servicios que se ofrecen en un salón de belleza. ¿Cómo es que ponerse pinturas con amonia en la cabeza es relajante? ¿Cómo pueden ser los highlights un mecanismo de relajación cuando te entresacan el pelo con aguja de tejer o te ponen mechones envueltos en papel de aluminio que hacen que te parezcas a E.T.?

Es cierto que el resultado es ser más o menos agradable a la vista del público en general. Solo que ese público en general no sabe que para tener esas cejas estilizadas te metieron cera casi hasta en la retina. Nadie sabe que cuando optaste por la pinza lloraste con cada pinchazo que te marcó la epidermis.

Y si eres adulta, Dios nos vino a ver con el bikini line. No importa la técnica que elijas para esa parte, si eres conservadora o si optas por el full brazilian, duele como si te pusieran diez antitetánicas. Pero hay que hacerlo porque a las nenas se nos enseña desde chiquitas que “bellas, aunque veamos estrellas”.
 Y si en ese salón de belleza hay mucha clientela, seguramente habrá muchos empleados; la razón exacta por la que no voy ya a grande salones.

Ir al beauty es como ir de jangueo para mucha gente. Muchas llegan con desayuno y un calendario en mano, listas para pasar un tiempo similar a un turno de enfermera en un salón de belleza. Manos, pies, cabello, rostro, cuerpo. Y en cada visita terminan contándole la historia de su vida a cada empleado encargado de X o Y parte de su cuerpo. Con intensidad, como si fueran amigos de toda la vida. Y el empleado también. Porque tus problemas son los míos, y la propina también.

Una vez tuve que ir a un salón de belleza de emergencia porque tenía que arreglarme las uñas para un evento. Nunca había ido a ese salón en particular. Y  cuando la  mujer me vio sentar me preguntó si veía una novela, cuyo nombre no recuerdo, o si veía la versión hispana de Dancing with the Stars, cuyo nombre tampoco recuerdo. A ambas preguntas le respondí con un “caramba, no” y me respondió con un “¿y tú y yo entonces de qué vamos a hablar?”. ¡Coño, yo no sabía que necesitaba un tema! ¡Yo solo necesito mis uñas decentes!

He escuchado en los salones de belleza la cantidad de cuentos más inverosímiles del mundo, la cantidad de teorías más locas y los argumentos más absurdos de gente que se aprovecha de que sabe un poquito para hacerse el interesante ante gente quizás con menos conocimiento.

 A veces, y dependiendo de mi ánimo, he respondido alguna que otra pregunta siempre que haya sido estrictamente dirigida a mí, y a veces he ignorado literalmente con libro en mano y headphones en las orejas cualquier tema que se discuta alrededor mío.

Yo voy a un salón pequeño, literalmente ubicado en el pasillo de una casa de familia, en el que la dueña es la única empleada y tiene tanto trabajo que te habla lo mínimo, por lo que me parece un amor.

No siempre uno quiere conversar en un salón de belleza, porque mucha gente no te conoce y terminas diciendo lo mismo cada vez que te sientas en la silla. ¿A qué te dedicas? ¿Cuántos años llevas  de casada? ¿Cuántos hijos tienes? ¿Dónde trabajas?

En los salones de belleza se parte de la premisa de que todas nos dedicamos a algo, que todas estamos casadas y que todas tenemos hijos.  De lo contrario, te tildan de tan extraterrestre como cuando llevas esos aluminios en tu cabeza. Eso es demasiado estrés.

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