Importante victoria
Si algo debemos celebrar en estos días es la decadencia política que enfrentan ciertos grupos religiosos fundamentalistas, quienes han sido retrancas…
Si algo debemos celebrar en estos días es la decadencia política que enfrentan ciertos grupos religiosos fundamentalistas, quienes han sido retrancas históricas para el avance de la democracia y la justicia social.
El mito de que estos sectores son invencibles y que sus rezos continuos en línea directa con su dios los colocaban por encima del resto de los mortales ha comenzado a desvanecerse. Y eso, sin más ni más, es un avance en la gesta de construir un mejor país.
Claro, tampoco nos llamemos a engaño. Estos plagiarios ricachones que viven la vida a sus anchas, faustos de ostentaciones a cuesta de la fe ciega de sus pobres acólitos empobrecidos no han perdido todo su poder.
Aún quedan rezagos de la fuerza de sus intimaciones, tal y como presenciamos esta semana cuando los vimos vagar una vez más por los pasillos del Capitolio apretándoles las tuercas a muchas y muchos legisladores, chantajeándolos con los votos de sus atolondradas feligresías y con migajas de sus ingentes diezmos para sojuzgarlos a sus designios.
Esa obstinación absurda contra la comunidad LGBTT no cesará, razón por la que nadie puede bajar la guardia porque aún restan proyectos importantes por discutir y aprobar, como el presentado por la valiente senadora Mari Tere González (P. del S. 437) y cuya intención es eliminar el prejuicio de adopción que consigna el Código Civil contra parejas del mismo sexo.
Pero no todo está perdido.Entre toda la escaramuza que han provocado en los últimos días los líderes religiosos fundamentalistas, celebramos la valentía de las y los legisladores que no se han dejado sobornar y que, enfrentando vejámenes de todo tipo, se mantuvieron firmes y consistentes en su lucha a favor de erradicar el discrimen por orientación sexual, tanto en el ámbito laboral como en los casos de violencia doméstica.
Sepan bien, amigas y amigos legisladores, que su gesta les hace bien al país y su consistencia traza el mensaje de las enormes posibilidades que tenemos como pueblo para construir una sociedad más equitativa y justa.
Mas hay que suscribir, y este asunto es el más importante, que lejos del operativo mediático gubernamental la victoria alcanzada esta semana con la aprobación de los Proyectos 238 y 488 es el resultado de la unión de voluntades de una comunidad que decidió caminar junta para, enfrentándose al odio que engendran ciertos religiosos, reclamar los derechos que le corresponden como ciudadanos de esta patria.
No hay duda de que hoy esa comunidad LGBTT es más fuerte. Han ganado, más que un par de legislaciones, el respaldo del país, el apoyo de diversos sectores de nuestra sociedad que se arrojaron solidariamente a favor de la equidad. Gracias a su lucha, hoy, como pueblo, comenzamos a vencer la segregación, las injurias y el discrimen.
Claro, queda camino por recorrer. Esta es una lucha de largo aliento, y nadie puede quedar conforme con las legislaciones aprobadas al momento, que aún aguardan por un tramo final en el Senado y la firma del gobernador.
No podemos, además, borrar de la memoria colectiva las infamias de las y los legisladores que, subyugados al juicio de algunos líderes religiosos, titubearon en contra de la equidad y la democracia. Estos señores y señoras, representantes del pueblo puertorriqueño, tendrán su día de juicio junto con otros sectores del país que, como algunas uniones obreras, se mostraron tímidos y retraídos ante una batalla social tan importante como esta.


