---
title: "Puerto Rican time"
description: "Estoy por pensar que lo que comenzó como un espacio para hablar de cosas de la vida cotidiana se ha ido convirtiendo en un espacio para hablar de mis…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/05/22/puerto-rican-time"
section: "Noticias"
author: "Dennise Y. Pérez @denniseypr"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/dennise-y-perez-denniseypr"
published: "2013-05-22T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T08:09:25.848Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
---

# Puerto Rican time

_Estoy por pensar que lo que comenzó como un espacio para hablar de cosas de la vida cotidiana se ha ido convirtiendo en un espacio para hablar de mis…_

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr · Noticias · 2013-05-22T04:00:00.000Z

Estoy por pensar que lo que comenzó como un espacio para hablar de cosas de la vida cotidiana se ha ido convirtiendo en un espacio para hablar de mis obsesiones.

No sé cuánto le moleste a usted la impuntualidad. Es más, tengo miedo de que me diga que no le molesta. Porque, a juzgar por la fama que tenemos los puertorriqueños, nadie usa reloj. Así que esa cosita tipo pulsera que usted usa en la muñeca izquierda es como una especie de adorno más que al parecer nunca mira.

Si la fama del puertorriqueño es correcta, entonces reconozco que tengo un problema con el que vivo todos los días de mi no muy santa vida. Tengo un problema de puntualidad.

Nunca pensé que esta característica con la que creo que nací literalmente me iba a representar tantos dolores de cabeza. De chiquita, solía mirar con impaciencia el reloj de todos lados cuando sabía que había algo en agenda, aunque no fuera muy importante el evento. Y me desesperaba cuando había reuniones de padres y el mío me decía tres veces y por media hora que iba “por la cuesta”. “Por la cuesta” significaba que con suerte iba a llegar photofinish a la cita, porque al subir la cuesta había que bañarse, vestirse,  y volverla a bajar para ir a la reunión en la ciudad.

De esos días me nació la fama proclamada por mami, de que se me ponía “la nariz verde” cuando me daba ansiedad. Y yo veía que ella lo decía y la gente se reía como si la cosa extraña fuera yo. Una vez pedí para sorpresa de todos que me regalaran un reloj en Navidad. Y creo que ahí todos supieron que iba a necesitar terapia cuando fuera grande. Siempre he querido saber cuál es nuestro problema con ser puntual. ¿Qué es eso que nos lleva a pensar que debo invitar a la gente a casa a las 7: 00 p.m. porque en realidad van a llegar 8:30 p.m.? ¿De dónde nace esa lógica? ¿Por qué no citas 8:30 puntual y ya? No, no se puede. Somos puertorriqueños. Y encima somos tan felices con nuestra irresponsabilidad que a veces preguntamos: “American o Puerto Rican time?”. ¡Qué, quéee!. Ese es el peor insulto para una persona puntual.

Si no fuera porque ya les cogí el truquito a las invitaciones, siempre me tocaría llevar el hielo a las fiestas. Porque la gente sabe que, si no soy la primera en llegar, de seguro, garantizado, que soy la segunda, a menos que me excuse porque tengo algo antes. Imagínate, ¡excusarse porque llego una hora después! Eso no lo hace nadie. Es de marcianos.

Esta “manía” de estar a tiempo la he tenido que controlar un poco porque le tengo terror a la mirada de mi esposo cuando llegamos a un lugar y, coquí-coquí, no ha llegado nadie. Por lo general, no me importa nada llegar primera, pero la imagen de él mirándome fijamente como si me lanzara dardos con los ojos me perturba un poco. “Como lleguemos  y seamos los primeros…”, es la frase fija que, sin embargo,  nunca concluye. “Como lleguemos y seamos los primeros, fabuloso, más de todo para nosotros”, digo yo, recibiendo siempre cero entusiasmo como feedback. La impuntualidad se toma con mucha liviandad. Es casi un chiste. Mucha gente considera hasta de mal gusto ser puntual.  Está mal. Ser impuntual es para mí el equivalente a una falta de respeto seria. Es como decirte en la cara, como lechuga, que tu tiempo vale menos que el mío, y que no vales la pena, al menos no para no hacerte esperar.

No sé cómo se logra ser impuntual y feliz a la vez. Tengo amigos a los que invito a casa y les encargo el postre, sabiendo sus costumbres, y a veces CHAN, no van. Entonces, no hay reloj, no hay amigo, no hay postre.

Solo una vez, y muy recientemente, tuve que llegar tarde a una reunión de trabajo. Literalmente me vi obligada porque surgió un imprevisto y tenía que ir a ambas cosas. Y la angustia me tenía grave avisando por texto que estaba de camino, que me falta una luz, que estoy ahí en 5, que ya me monté en el elevador. Para mi horror, la reunión se había cambiado para un salón pequeño. Toqué la puerta y entré sin mirar a nadie, con la cara y el cuello rojos de la vergüenza, casi literalmente caminando en puntitas. Justo cuando pensé que me había zafado, un superior mío reconoció mi presencia “porque como llegó tarde…”.

¡Tarde, mano…, tarde yo!

---

Contenido de Metro Puerto Rico. Versión canónica en HTML: https://www.metro.pr/noticias/2013/05/22/puerto-rican-time — al citar o enlazar, usar esa URL.
