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title: "Nadie puede detener el cambio, nadie"
description: "Si eso fuera posible, estaríamos hablando latín todavía… ¿Se imagina?"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/05/07/nadie-puede-detener-el-cambio-nadie"
section: "Noticias"
author: "Aida Vergne @AidaVergne"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/aida-vergne-aidavergne"
published: "2013-05-07T04:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T09:28:28.688Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Nadie puede detener el cambio, nadie

_Si eso fuera posible, estaríamos hablando latín todavía… ¿Se imagina?_

Por Aida Vergne @AidaVergne · Noticias · 2013-05-07T04:00:00.000Z

Si eso fuera posible, estaríamos hablando latín todavía… ¿Se imagina?

Pero nada, es bueno que sepa que esta práctica de censurar no es ni nueva ni reciente. Viene ocurriendo desde tiempos inmemoriales, siendo tal vez el más conocido de los puristas un gramático romano de nombre Probo. Pero antes de hablar del pobre Probo, echemos un vistazo raudo y veloz al panorama…

¿Cómo sabemos cuáles eran los rasgos del latín vulgar, del cual proviene nuestro español actual? No había grabadoras, ni videos, y no queda nadie vivo que nos cuente… ¿Entonces? Fueron varias las fuentes: escritos literarios —como los de Plauto—, el grafito en las paredes de las edificaciones, los epitafios, las cartas informales, los escritos cristianos, los escritos técnicos de medicina, agricultura y construcción, diversos documentos literarios y no literarios, y lo que se conoce como los defixionum talellae, que en buen castellano eran las  maldiciones y los conjuros mágicos  grabados en láminas de metal. También sabemos del latín vulgar por las glosas, que eran las notitas que se escribían en los márgenes de los libros para hacer la lectura más comprensible.

Pero, de todas las fuentes, la más reveladora de lo que estaba ocurriendo entre el latín culto y el latín vulgar fue la que nos dejó el gramático Probo.

Probo redactó un documento para, literalmente, censurar “las formas incorrectas del latín vulgar” (me recuerda a un comentarista de televisión que se dedica a censurar y a burlarse de cómo la gente HABLA). Jamás sospechó Probo que su censura iba a ser la evidencia más fehaciente  de la existencia de estas desviaciones o variaciones de la lengua hablada.

Probo detalló formas que, según él, debían ser evitadas al hablar y escribir. Lamentablemente, Probo, como la gran mayoría de los puristas (NUESTRO AMIGO TELEVISIVO INCLUIDO), no describió la lengua como un hecho dinámico y cambiante, sino que se dedicó a reducir la lengua a una exposición de usos “correctos o incorrectos”, sin dar explicación de los fenómenos que desataban dichos cambios.

Sabrán los dioses, y nuestro purista de TV se convierta en el Probo que pruebe que la lengua está en ebullición y ni él ni ninguna academia lograrán detener el cambio. Alarcos Llorach, un académico y lingüista de primera, le llamó Pseudoprobo pues “casi todo lo que condenaba ha triunfado en los romances”. Probo probó que la lengua no hay quien la detenga.

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