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title: "No más mano dura"
description: "El Gobierno juega a la justicia. Quiere proyectarse capaz de intervenir con acciones disciplinarias duras allí donde la violencia invade la paz. Actúa por…"
canonical: "https://www.metro.pr/noticias/2013/04/15/no-mas-mano-dura"
section: "Noticias"
author: "Hiram Guadalupe @hiramgp"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/hiram-guadalupe-hiramgp"
published: "2013-04-15T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-23T11:06:38.727Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# No más mano dura

_El Gobierno juega a la justicia. Quiere proyectarse capaz de intervenir con acciones disciplinarias duras allí donde la violencia invade la paz. Actúa por…_

Por Hiram Guadalupe @hiramgp · Noticias · 2013-04-15T03:00:00.000Z

El Gobierno juega a la justicia. Quiere proyectarse capaz de intervenir con acciones disciplinarias duras allí donde la violencia invade la paz. Actúa por reacción y, en la mayoría de los casos, bajo la presión que impone la discusión pública cuando retumba un titular noticioso. De esa manera, toma decisiones erradas dirigidas a complacer el agobio que arropa a un sector de la ciudadanía que aún apuesta a la mano dura como antídoto para resolver los problemas de seguridad y la conducta que enfrentamos día tras día. Mas se olvida que las causas que derivan de la violencia física y verbal van más allá de la acción individual. Son actuaciones que se entrelazan a conflictos mayores que atienden al deterioro social y familiar que nos asiste. Nadie justifica la violencia. Por tanto, que unas jóvenes decidieran lanzarse contra una compañera de estudio para agredirla, y luego publicar la embestida en las redes sociales, es una acción censurable. Pero igual de reprochable es que la respuesta gubernamental, encarada en el Departamento de Educación, Familia y Justicia, sea arremeter la mano dura contra las agresoras optando por encerrarlas en una institución carcelaria. A estas alturas, el Gobierno debe saber que esta acción —la del encarcelamiento— está muy lejos de corregir, educar o rehabilitar al ofensor u ofensora. Por el contrario, citando a la psicóloga Mercedes Rodríguez, “contribuye a inflamar la violencia de personas que ya aprendieron a vivir con ella, a la vez que permite a los mortales descargar sus frustraciones y corajes acumulados mediante el recurso de los chivos expiatorios”. La violencia, como ha establecido desde 1996 la Organización Mundial de la Salud, es un problema de salud pública que sugiere que los Gobiernos se muevan a formular nuevas estrategias para mitigar este fenómeno social. De esa manera, para resolver este problema, como tantos otros que se informan a diario en nuestra sociedad y que atienden a distintos tipos de violencia física y verbal, resaltando el vinculado a relaciones de género, hay que ir más lejos. Las acciones punitivas y el encarcelamiento, como medidas para atajar los conflictos que perturban la paz, han mostrado ser medidas ineficaces dentro y fuera de Puerto Rico. La institucionalización de los jóvenes, igualmente, no se ha validado como un antídoto correcto para curar las heridas sociales que marcan la violencia y menos para que estos aprendan otras maneras de manejar sus conflictos porque, si en algo ha fallado el modelo carcelario puertorriqueño, es en ofrecer programas eficaces de rehabilitación. Necesitamos, por el contrario, menos cárceles y más acción social con programas gubernamentales dirigidos a enfatizar en la convivencia ciudadana. Requerimos más espacios de diálogo e interacción de la sociedad civil con el Gobierno para desarrollar estrategias eficaces que apuesten a un mejor país. Necesitamos un modelo educativo que nos enseñe a crecer, respetar y coexistir con nuestros semejantes. Una escuela reformada por principios y valores de convivencia solidaria, una escuela cercana a la comunidad y a las familias de nuestros estudiantes. Como sociedad tenemos que evitar que la cárcel sea la opción preferida del Estado para manejar nuestros problemas sociales de violencia. Esto, sin embargo, no quiere decir que la acción violenta, venga de quien venga, se condone. Por el contrario, en el caso de agresión de dos niñas de la escuela superior Bethsaida Velázquez de Ponce hay que intervenir eficazmente, con herramientas de ayuda psicosocial. Ambas deben asumir su responsabilidad, al igual que el resto de los actores sociales que fracasaron en educarlas para prevenir tal actuación. Porque agredir y vilipendiar al prójimo son acciones aprendidas. Por eso, imponerles “medidas dispositivas” que las alejen de la escuela y las encierren en una institución presidiaria no puede ser la opción para resolver el problema.

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