Tras 11 años, regresa El lago de los cisnes

En un salón de espejos, se ensaya una y otra vez parte del último acto de El lago de los cisnes. Algunas 15 jóvenes se reflejaban en los espejos y, en cada…

Por Karixia Ortiz @KarixiaOrtiz

10 abr 2013, 11:00 pm 3 min de lectura
Tras 11 años, regresa El lago de los cisnes

En un salón de espejos, se ensaya una y otra vez parte del último acto de El lago de los cisnes. Algunas 15 jóvenes se reflejaban en los espejos y, en cada intento, perfeccionaban el movimiento de las rigurosas rutinas.

Esta escena, colmada de intensidad, detalles por afinar y el cansancio por las repeticiones, da cuenta de la preparación de los bailarines, quienes representarán las criaturas del lago mágico.

Los cisnes encantados proyectan la idea del híbrido entre la mujer y el cisne. Así, Odette y Odile, una princesa de ese mismo lago que muestra con pasión la dualidad entre la maldad y el amor al transformarse en dos cisnes: uno blanco y otro negro. En este lago, se da la lucha por el amor del príncipe Sigfrido y la batalla contra la maldad de Rothbart, el antagonista.

Esta historia manifestada mediante el lenguaje del cuerpo por medio de la danza la revive en el teatro la compañía Ballet Concierto de Puerto Rico. Así, luego de 11 años, la compañía regresa para representar ambiciosamente una de las piezas clásicas con más representación a nivel mundial.

Y, en este regreso a la escena,  Ballet Concierto añade a los papeles protagónicos a dos bailarines cubanos, Osiel Gounod y Viengsay Valdés, Sigfrido y Odette/Odile, respectivamente.

Metro conversó con Osiel, una de las primeras figuras del Ballet Nacional de Cuba, quien confesó que su presentación en Puerto Rico también le significa un regreso, ya que, por cinco meses, tuvo una pausa en el baile por una lesión.  Además, admitió que es la primera vez que participa en un Lago de los cisnes con los detalles y la rigurosidad con que lo está haciendo la compañía boricua. Sin embargo, han sido muchas las veces que ha encarnado el papel de Sigfrido. Lo siente suyo y “llevo tres años bailando El lago de los cisnes, y, cada vez que lo hago, siempre trato de sacarle algo artísticamente, llevarlo a otro nivel”, manifestó Osiel.

“Siempre es un reto hacer un ballet romántico, porque no es lo mismo. Es más difícil. Te atrapa porque te mete dentro del drama y te va envolviendo”, explicó el bailarín cubano.

Mientras, el director artístico de Ballet Concierto, Carlos Cabrera, describe, por su parte, la ejecutoria del cisne negro y blanco, interpretado por Viengsay Valdés. “Primero, es una técnica limpia, suave, delicada, ondulante, noble. La segunda es todo lo opuesto; es maldita, es firme, es virtuosa”.

Y con esos elementos que poseen los personajes en este reino mágico, Osiel rememoraba su experiencia en su escuela de ballet en su natal Cuba y lo resalta como un arte que se estima mucho.

“El ballet en Cuba es como el deporte”, manifestó entre risas. Y es que existe una actividad en los teatros donde dice que se ha aprendido a disfrutar del virtuosismo de los bailarines.

Mientras, en Puerto Rico, Cabrera añora un mayor apoyo por parte del público, del Gobierno y de otras entidades artísticas, porque reconoce la falta de actividad en la disciplina que trabaja.

“Dedicamos nuestra vida a esto. Trabajamos con una vocación como nadie”, expresó Cabrera al insistir en que la importancia de este trabajo es que nunca “se puede hacer a medias”.

No obstante, Cabrera persiste en el entusiasmo de crear y de aportar a la cultura por medio del arte, porque “cuando uno llega a una sala de teatro, uno llega a recibir, porque el arte es un lenguaje universal”.