En material de lengua, los menos no mandan

Cada país tiene una “norma más prestigiosa”, o que se piensa mejor, y, regularmente, esta suele ser la que se acerca a la “norma culta”, que es la variante…

Por Aida Vergne @AidaVergne

8 abr 2013, 11:00 pm 1 min de lectura

Cada país tiene una “norma más prestigiosa”, o que se piensa mejor,  y, regularmente, esta suele ser la que se acerca a la  “norma culta”, que es la variante dialectal de las clases más aventajadas económica y socialmente, (curiosamente una clase de hablantes minoritaria numéricamente; quizá por eso nunca triunfan en sus reformas más radicales).

La realidad es que todos poseemos nuestro propio dialecto lingüístico. Pero hay quienes sencillamente están convencidos de que la variante de tal o cual persona, o de tal o cual país, es mejor que la propia y deciden “adoptarla”.

Mire, no solo es difícil absorber la variante dialectal de otro país (a propósito), que no es otra cosa que imitar un acento que no es el nuestro, sino que usted sonará afectado, por no decir ridículo. Hay que entender que el español es un sistema hablado en muchos lugares distintos y por más de 400 millones  de personas. Y aunque sea una sola lengua, adquirirla o aprenderla conlleva conocer sus formas, su funcionamiento interno, su entonación, sus sutilezas y la cultura del país que la usa, sea Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo o Madrid. 

Un último comentario que no podemos obviar es que el prestigio lingüístico está estrechamente vinculado a un momento histórico particular. Es decir, que lo que hoy es “prestigioso” quizás más adelante no lo sea y viceversa. Lo que en el Siglo de Oro era prestigioso hoy ya no lo es. Ja, ja, y este no es precisamente el Siglo de Oro. Tome nota.