El dólar ya no alcanza: costo de vida aprieta a las familias y las empresas

Economistas advierten que una recesión es inminente o que ya podría estar en curso en Puerto Rico, y que la isla podría encaminarse a una de las Navidades más tristes.

Por Mardelis Jusino

2 nov, 3:00 am 8 min de lectura
El dólar ya no alcanza: costo de vida aprieta a las familias y las empresas
Cuesta arriba la economía

El dinero rinde menos y los gastos esenciales continúan presionando el presupuesto de miles de familias puertorriqueñas. Este aumento en el costo de la compra, la gasolina, la electricidad y otros desembolsos indispensables no son una percepción: los datos oficiales muestran que el dinero continúa perdiendo poder de compra y cada vez se necesita más para adquirir los mismos productos y servicios.

“Ya estamos en este punto en que o es comida o es la electricidad”, expresó la economista Heidi Calero en entrevista con Metro Puerto Rico, al describir las decisiones que enfrentan algunos hogares ante el aumento sostenido de sus gastos.

Esa presión que enfrentan las familias se ve reflejada en el más reciente informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que registró un aumento interanual en el valor de los productos y servicios para septiembre de este año, impulsado principalmente por los costos de transportación y combustible. El informe fue publicado por Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH) el pasado 26 de octubre. Los datos reflejan que el IPC alcanzó 144.673 puntos en septiembre, un incremento de 0.5 % respecto a agosto y de 3.8 % en comparación con septiembre de 2025.

¿Qué significa que el dólar valga 69 centavos?

Otro indicador que refleja la presión sobre el bolsillo es el poder adquisitivo del dólar, que se situó en aproximadamente 69 centavos en septiembre. Esto significa que el dólar ha perdido cerca del 31 % de su capacidad de compra en comparación con diciembre de 2006, el período base utilizado para calcular el índice.

Para ponerlo en dólares y centavos, una compra que costaba $100 en diciembre de 2006 costaría aproximadamente $144.67 en septiembre de 2026, según el aumento acumulado del nivel general de precios.

Calero explicó que esta pérdida de valor responde a los aumentos sostenidos que se han registrado en los principales gastos de los consumidores. “Como el aumento en precios ha seguido aumentando todos los años, pues definitivamente ha ido erosionando el poder adquisitivo del dólar”, sostuvo al advertir que esta pérdida está colocando a la clase media en una situación cada vez más difícil.

Gasolina y transportación golpean el bolsillo

El grupo de Transportación tuvo el aumento más fuerte de todos: 9.7% en el año. El propio informe del DTRH explica que “la mayor alza se observó en el subgrupo Transportación Pública, con un aumento de 1.9 por ciento”, impulsado “principalmente” por “el incremento en el precio de Tarifas de avión”. En números concretos: un pasaje de ida y vuelta que costaba $400 hace un año, hoy ronda los $438, solo por el aumento que ha tenido ese renglón en los últimos doce meses.

El combustible para los carros fue peor: subió 4.7% solo en el último mes y ya acumula un 33.2% de aumento en lo que va de año, el salto más grande de todo el informe. Para ilustrar el impacto, si llenar un tanque de gasolina costaba $40 hace un año, un aumento de 33.2 % representaría un gasto aproximado de $53.28 por la misma cantidad de combustible. Calero explicó que el efecto del combustible trasciende el gasto directo de los conductores, debido a la dependencia de Puerto Rico de los productos importados. La economista sostuvo que el precio del petróleo influye en prácticamente toda la cadena de distribución de mercancías que llegan a la isla.

“Puerto Rico, siendo isla, importa prácticamente todo que viene o por barco o por avión”, indicó.

Añadió que, una vez las mercancías llegan a Puerto Rico, deben transportarse por carretera, lo que incorpora otro costo asociado al combustible diésel. En ese contexto, los aumentos en el transporte y la energía pueden ejercer presión sobre los costos de operación de los negocios y, eventualmente, sobre los precios que pagan los consumidores.

Los alimentos tampoco dan tregua

El grupo de Alimentos y Bebidas registró un aumento de 0.6 % durante septiembre y de 2.5 % en comparación con el mismo mes de 2025. Como ejemplo, una compra de alimentos que costaba $150 hace un año requeriría aproximadamente $153.75 si su precio hubiese aumentado al ritmo promedio de esa categoría. Aunque el incremento individual puede parecer pequeño, se suma a otros compromisos recurrentes, como electricidad, agua, transportación, medicamentos y vivienda.

La presión sobre el presupuesto también se refleja en las proyecciones federales. En su actualización de octubre, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estimó que los alimentos adquiridos para consumir en el hogar aumentarían 2.3 % durante 2026 en Estados Unidos, mientras los consumidos fuera del hogar registrarían un incremento de 3.5 %.

La electricidad encarece mucho más que la factura

El costo energético representa uno de los factores que más inciden sobre la economía puertorriqueña. Su efecto va más allá de la factura residencial: los negocios también necesitan electricidad para operar, refrigerar mercancía, ofrecer servicios y mantener sus instalaciones. Cuando esos costos aumentan, las empresas enfrentan mayores presiones financieras, que pueden afectar sus márgenes de ganancia y sus decisiones de precios.

Recientemente, Alan Taveras Sepúlveda, presidente del Centro Unido de Detallistas (CUD) había advertido que “estamos ante una situación de extrema urgencia” y que, según sus estimados, más de 12,000 pequeñas y medianas empresas (PyMEs) podrían cerrar y alrededor de 70,000 empleos podrían perderse si no hay alivio a los altos costos energéticos. El CUD vinculó esto con las quiebras: hubo 551 en septiembre (5.8% más que en septiembre de 2025), una tendencia que, de mantenerse, llevaría a unas 6,263 quiebras en 2026 — la cifra más alta en siete años.

La Cámara de Comercio habla de “emergencia económica nacional”

El presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Rico, José Julio Aparicio Laspina, coincidió con la preocupación expresada por el CUD. “Nosotros estamos planteando que estamos viviendo una emergencia económica nacional, eso es lo que yo pienso”, sostuvo en entrevista, al advertir que “todas las métricas que nosotros estamos viendo están contrarias a donde deberían estar”.

Aparicio Laspina ilustró la situación con una analogía: “lo que tiene que estar verde está rojo, lo que tiene que estar rojo está verde”, dijo, al referirse al comportamiento de los principales indicadores económicos de la isla.

El presidente de la Cámara adelantó que convocó una reunión de emergencia esta semana con todas las organizaciones que representan al sector privado para discutir “a corto plazo como paliar esto”, al advertir que, de no atenderse la situación, Puerto Rico podría enfrentar “las navidades más tristes que se hayan pasado en mucho tiempo por los costos operacionales”.

En cuanto al rol del Estado, Aparicio Laspina subrayó que “no vamos a estar mirando el gobierno para [que nos diga] cómo me vas a ayudar. Nosotros vamos a proveer, solucionar”, afirmó, al insistir en que el sector privado debe asumir un rol principal frente a la crisis, mientras el Gobierno actúa como facilitador.

«La clase media» queda atrapada

Por su parte, uno de los señalamientos más contundentes de Calero estuvo dirigido a las familias de ingresos medios. La economista sostuvo que las personas con mayores recursos cuentan con más capacidad para absorber los aumentos, mientras algunos hogares de bajos ingresos pueden acceder a programas de asistencia. En cambio, advirtió que muchas familias de clase media enfrentan dificultades para cubrir sus obligaciones sin contar necesariamente con esas alternativas.

“Los que estamos en el medio somos la clase media que estamos el sándwich, el jamón del sándwich y definitivamente que es desesperante”, expresó. La preocupación cobra mayor relevancia en una jurisdicción donde una proporción considerable de la población vive en condiciones económicas vulnerables.

Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, la tasa de pobreza en Puerto Rico fue de 37.3 % en 2024. Para los hogares con ingresos limitados o fijos, cualquier aumento en alimentos, electricidad o transportación puede representar una porción significativa del dinero disponible.

Además, una reducción en el ritmo de la inflación no significa necesariamente que los precios regresen a sus niveles anteriores. En muchos casos, simplemente continúan aumentando más lentamente.

La economía mejora, pero no logra despegar

El panorama del costo de vida contrasta con las señales de recuperación identificadas en el informe de Índices de Ciclos Económicos elaborado por el economista Ángel Rivera Montañez. Según ese análisis, la actividad económica registró tres meses consecutivos de mejoría hasta agosto de 2026, impulsada en parte por el desempeño de la manufactura y otros indicadores productivos. Durante ese período se identificó un aumento aproximado de 1,100 empleos manufactureros.

Sin embargo, la mejoría todavía no compensa completamente la debilidad observada anteriormente. En los primeros ocho meses de 2026, el indicador económico permanecía 0.4 % por debajo del nivel registrado durante el mismo período de 2025. Calero se mostró escéptica sobre el alcance de esa recuperación. “Yo estoy segura que la contracción es mayor”, expresó.

¿Persiste el riesgo de recesión?

El informe de Rivera Montañez también mantiene una advertencia sobre los riesgos de recesión, pese a los aumentos recientes en algunos indicadores. Entre las preocupaciones figuran los elevados costos de energía, las presiones sobre las empresas y la incertidumbre económica internacional. “El análisis de probabilidad de recesión mantiene una alerta activa, indicando que una recesión es inminente o ya podría estar en curso” declara el documento examinado por Metro Puerto Rico.

La combinación de precios elevados, menor poder adquisitivo y una posible recesión mantiene la presión sobre el bolsillo de los puertorriqueños, particularmente sobre la clase media que intenta sostener sus gastos sin perder calidad de vida. “Lamentablemente como que no vemos todavía una luz al final del túnel”, concluyó Calero.

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