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title: "Carlota Alfaro prepara su legado final: un libro con siete décadas de moda boricua"
description: "La diseñadora puertorriqueña mantiene su agenda llena de proyectos a sus 93 años y a pesar de las dificultades de salud"
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section: "Negocios"
author: "Eva Lloréns Vélez"
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published: "2026-07-16T07:00:00.000Z"
updated: "2026-07-16T07:00:01.051Z"
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publisher: "Metro Puerto Rico"
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# Carlota Alfaro prepara su legado final: un libro con siete décadas de moda boricua

_La diseñadora puertorriqueña mantiene su agenda llena de proyectos a sus 93 años y a pesar de las dificultades de salud_

Por Eva Lloréns Vélez · Negocios · 2026-07-16T07:00:00.000Z

A sus 93 años, la legendaria diseñadora puertorriqueña Carlota Alfaro está lista para emprender lo que describe como su “última gran obra”: un libro que recopilará sus diseños y la historia de una carrera que abarca más de siete décadas.

La decisión llega en un momento en que la mayoría se encuentra retirada, pero Alfaro continúa trabajando todos los días, enseñando en su academia de diseño en la calle Loíza, supervisando y creando, aun cuando vive con un cáncer de vejiga que no le causa dolor y que menciona con una serenidad desconcertante.

“Yo muero con él. Él a mí no me ha molestado para nada”, dijo. Incluso le puso nombre: “Angelito”.

La diseñadora conserva un archivo monumental de sus obras de arte. Ha guardado cada diseño que ha hecho, clasificado en cajas por año y por mes. (Al comienzo de la entrevista, esta reportera le mostró una fotografía de un traje de debutante que Alfaro confeccionó para su hermana, Lily Lloréns, en 1972 y que conserva como un tesoro.) El vestido, una pieza de alta costura que resume la elegancia y el dominio técnico de Alfaro, fue confeccionado en una delicada y fluida gasa (_chiffon_) de color blanco que cae en pliegues suaves. Tiene un corpiño con escote en “V” pronunciado, adornado con un intrincado bordado a mano de pedrería, mostacillas y perlas de fantasía que forman motivos florales. Hoy en día, la pedrería ha cambiado de color con el paso del tiempo.

Alfaro lo reconoció de inmediato al mostrarle fotos. “Ese traje yo lo busco”, aseguró. Y añadió, sin dudar: “Dile que lo traiga… se lo arreglo”.

La historia profesional de Alfaro comenzó a los 10 años, cuando ya cosía uniformes para sus compañeras de escuela. Su ascenso profesional se consolidó en los años cincuenta, cuando el diseñador Pedro Zorrilla la incluyó en un desfile del Hotel Sheraton que presentó a los diseñadores puertorriqueños. “Ese día ya yo no era costurera. Pasé a ser diseñadora”, recordó. Poco después, dominó el histórico evento Destellos en la Moda, en el que ganó cuatro de los cinco premios principales. “Yo siempre me robé los aplausos”, dijo con una mezcla de orgullo y humildad.

Su carrera trascendió la isla. Durante años, vendió sus colecciones en Neiman Marcus, Bloomingdale’s, Saks Fifth Avenue y otras tiendas prestigiosas de Estados Unidos. Esa etapa comenzó gracias a la iniciativa de su hija, quien, al ver vitrinas en Estados Unidos, pensó: “Ay, los trajes de mi mamá son más bonitos que eso” y se propuso venderlos fuera de Puerto Rico. Alfaro pidió un préstamo de 5,000 dólares para que su hija participara en una feria de compradores. El _booth_ de sus diseños fue bautizado como el “Dreaming Booth” por la belleza de la ropa. “Todo el mundo venía a comprar”, recordó. Los compradores preguntaban quién era su representante y, tras recomendaciones, su hija llegó hasta Rod Owens, quien la representó hasta su muerte.

En Puerto Rico, Alfaro llegó a tener 52 bordadoras trabajando para ella, antes de que las telas bordadas importadas transformaran el mercado. “Desde que llegaron los chinos, que traen las bellezas de telas bordadas, ya nosotros no las bordamos porque perdemos”, explicó. “Hay que adaptarse a lo moderno”.

Además de su labor como diseñadora, Alfaro creó un método que revolucionó la enseñanza de la alta costura en la isla: el método de cinco pasos. Alfaro descubrió el método luego de que Carmen Reyes Padró, presidenta del desaparecido periódico _El Mundo_, la contactara para pedirle que publicara semanalmente un modelo de vestir y explicara cómo se hacía.

Mientras preparaba los patrones para el periódico, se dio cuenta de que podía explicar cualquier diseño con un patrón básico y cinco pasos, siempre los mismos. “Ahí es que los descubro”, dijo. Ese trabajo semanal se convirtió luego en un libro, y sus estudiantes bautizaron el sistema como “el método revolucionario”.

“Ellos fueron los que pusieron el nombre”, dijo.

Ese método se basa en dos herramientas diseñadas por Alfaro: la regla mágica, que permite cuadrar patrones con precisión, y la bota, una plantilla con todas las curvas necesarias para los patrones básicos. Con estas herramientas, Alfaro puede tomar medidas, crear un patrón y entallarlo en menos de 15 minutos. “Cuando se lo puse, el patrón le quedaba perfecto”, recordó sobre una demostración que hizo para profesoras de Parsons y Chavón School of Design, quienes quedaron sorprendidas por la rapidez y exactitud del proceso.

El método y una frase del presidente fallecido John F. Kennedy la llevaron a fundar su escuela de costura. Kennedy dijo en un discurso: “No pregunten qué va a darles la nación a ustedes, sino ¿qué van a hacer ustedes por la nación?”

 “Y a mí se me quedó eso”, contó la diseñadora. “Yo dije: lo único que puedo hacer es enseñar para que las personas, en sus casas, puedan generar dinero y no depender del gobierno”.

Hoy, la escuela que lleva su nombre sigue activa, con aproximadamente 250 estudiantes por semestre. Su nieto, Carlos Benítez, administra el negocio desde 2010 y supervisa la operación diaria. Benítez explicó que la eliminación de la Sección 936 afectó indirectamente a la familia y a la academia. Con la salida de fábricas y la reducción de empleos industriales, cambiaron el perfil de los estudiantes y la demanda de formación técnica. En el pasado, los estudiantes aprendían a coser para conseguir empleo. Hoy en día, desean establecer sus propias empresas.

 “El país cambió, y nosotros tuvimos que adaptarnos”, comentó. Aun así, la escuela se ha mantenido estable y continúa formando diseñadores.

Para Alfaro, Puerto Rico sigue siendo un terreno fértil para la alta costura. “Puerto Rico es el país ideal para esta profesión”, afirmó. “Aquí se celebran concursos, debutantes, bodas, _senior proms_, primeras comuniones, galas… hay para todo el mundo”. Aunque reconoce que los tiempos han cambiado —“Ahora es Bad Bunny”, dijo riéndose— insiste en que la creatividad y la técnica siguen siendo indispensables. “Hay que adaptarse a lo moderno”, señaló, sin nostalgia ni resistencia.

Su influencia es profunda. Diseñadores como Carlos Alberto y Harry Robles, entre otros se formaron en su taller, algunos trabajando años sin cobrar, solo para aprender. “Yo nunca he tenido un enemigo”, dijo. “A donde quiera que voy, me aplauden”.

Carlos Alberto, quien se define como el Diseñador de las Reinas, relató que, durante 14 años, visitaba la academia de Alfaro y aprendió a coser gratis. “Tenía talento, pero no sabía nada. Ella me decía: ‘ayúdame a coger un ruedo’ o ‘ayúdame a pegar unas piedras’ y así aprendí,” dijo. Carlos Alberto sigue fielmente el método de costura aprendido de Alfaro hasta el sol de hoy, luego que comenzó su propio negocio, en 2006, al vestir a la reina de belleza Zuleyka Rivera.

“Ella lo resuelve todo con algo positivo. Una vez me acusaron de hacer un vestido que no era de temporada y ella me dijo: ‘pues lo vas a bendecir’…Una vez se perdió una tela y ella me dijo: ‘pues vamos a orar para que aparezca’ y así fue,” relató Carlos Alberto.

Alfaro cuenta que siempre escucha a la clienta. Ha vestido a figuras como Lucecita Benítez, Carmita Jiménez y Rocío Jurado y ha diseñado para producciones teatrales como “Ana y el Rey de Siam” de Padre Willy. En 2009, ganó un concurso de Barbie Couture, en el que presentó tres diseños que luego fueron incluidos en un libro de la marca.

Pero lo que más la ocupa ahora es su legado. Alfaro ha clasificado miles de diseños —trajes de debutante, vestidos de novia, chaquetas, pantalones, piezas de gala— y quiere convertirlos en libros que sirvan de guía para futuras generaciones. “Porque no dejan de ser guía”, dijo. “Eso es lo que yo dejo”.

Su cáncer no la detiene. Sigue disfrutando de su champán y su pitorro, sigue enseñando, sigue trabajando. “Yo recibo tantas bendiciones”, afirmó. Y mientras organiza su archivo, prepara su libro y continúa formando diseñadores, demuestra que su historia no está cerrando: se está escribiendo con la misma disciplina y alegría que la acompañaron desde los 10 años.

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