Puerto Rico frente a la inteligencia artificial: economía, empleo y el nuevo mandato de política pública

La ONU advierte que la IA avanza más rápido que la regulación, mientras Puerto Rico aún define su política pública para enfrentar los retos económicos, laborales y tecnológicos

Por Eva Lloréns Vélez

9 jul, 3:00 am 6 min de lectura
Puerto Rico frente a la inteligencia artificial: economía, empleo y el nuevo mandato de política pública
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La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa futurista, sino una fuerza económica global que avanza más rápido que la capacidad de los gobiernos para regularla, advierte un informe preliminar de la ONU.

El informe describe una tecnología capaz de expandirse “en cuestión de meses en lugar de décadas” y concentrar poder transformador “en muy pocas manos”. Para Puerto Rico, el reto es insertarse en esta nueva economía sin ampliar desigualdades, perder control de su infraestructura digital ni dejar atrás a su fuerza laboral.

La Legislatura evalúa más de 40 medidas sobre IA —desde educación hasta campañas políticas— pero aún no existe una política pública clara. Dos proyectos que delegan esa tarea en el Puerto Rico Innovation and Technology Service (PRITS) siguen bajo trámite legislativo.

Una economía que entra en la curva en J

El informe de la ONU subraya que la IA funciona como una tecnología de propósito general, comparable al motor de vapor o la electricidad. Pero sus beneficios económicos no se ven de inmediato. “Las pequeñas mejoras no se traducen automáticamente en resultados en gran escala”, advierte el documento. Antes de que la productividad aumente, los países deben invertir en datos, talento, reorganización institucional y nuevas capacidades regulatorias. Este fenómeno, conocido como la curva en J, implica que los gobiernos pueden experimentar un periodo inicial de costos crecientes y productividad estancada.

Para Puerto Rico, donde la inversión pública compite con limitaciones fiscales y burocráticas, este bache inicial representa un desafío político significativo. El experto en tecnología Juan Carlos Pedreira de SBH Digital lo resume así: “Se está invirtiendo muchísimos miles de millones de dólares en desarrollar esta tecnología… pero todavía no hemos podido calibrar y medir estos primeros años de la inteligencia artificial en todo su esplendor”. Pedreira reconoce que la IA promete “grandes oportunidades de optimización en los procesos del gobierno y la empresa privada”, pero advierte que la adopción está apenas comenzando y que muchas compañías locales “no saben ni por dónde empezar”.

La IA está transformando el trabajo intelectual y creativo de manera directa. Programadores, abogados, médicos, escritores, investigadores y profesionales administrativos ya sienten los efectos. El informe de la ONU recuerda que históricamente la tecnología crea más empleos de los que destruye —“en 2018, aproximadamente el 60 % del empleo en los Estados Unidos correspondía a ocupaciones que no existían en 1940”—, pero esta vez el problema no es la cantidad de empleos, sino la calidad y la distribución de las ganancias.

Pedreira coincide en que habrá desplazamientos, especialmente en tareas repetitivas y administrativas: “Si tu trabajo lo puede automatizar uno de estos sistemas, pues sí, va a haber daños colaterales”. Pero también anticipa la creación de nuevos roles, como gerentes de operaciones de IA, orquestadores de agentes autónomos y ejecutivos especializados en integrar sistemas inteligentes en la empresa. “Va a haber un Chief Artificial Intelligence Officer en las compañías”, afirma.

El representante José Aponte, quien ha radicado varias medidas sobre el tema, advierte que el impacto laboral ya es visible en el sector privado global. “Microsoft ha anunciado que reduce su plantilla… porque lo van a estar sustituyendo con inteligencia artificial”, señala. Para él, el problema no es solo el desplazamiento, sino la falta de preparación para manejar las consecuencias: “¿A dónde va a ir esa persona? ¿Quién le va a pagar un desempleo o un retiro? Es una complicación real”.

El senador Ángel Toledo, quien ha impulsado una agenda activa sobre la inteligencia artificial, añade una dimensión ética: el riesgo de que quienes no adopten la tecnología queden rezagados. “El que no quiera aprender sobre ella va a quedar desplazado porque no va a tener una herramienta verdaderamente importante para trabajar”, afirma. Para Toledo, la IA no necesariamente sustituirá a todos, pero sí redefinirá quién puede competir en el mercado laboral.

AI washing: cuando la narrativa tecnológica distorsiona la realidad

El informe de la ONU advierte sobre el AI washing: “afirmaciones falsas, engañosas o exageradas sobre las capacidades de la IA”. En la práctica, esto significa que empresas atribuyen despidos o reestructuraciones a la IA para justificar recortes o atraer inversión, aun cuando la tecnología no es la causa real.

Aponte recuerda que este fenómeno no es nuevo. En la industria farmacéutica, dice, algunas empresas justificaron recortes atribuyéndolos a cambios legislativos, cuando en realidad estaban automatizando líneas de producción. “Lo fácil era decirles que tienen que ir porque el presidente de la Cámara está impulsando una nueva ley… pero la realidad es que estaban automatizando”, explica.

El AI washing representa un riesgo para la política pública: puede llevar a legisladores a aprobar medidas punitivas basadas en percepciones erróneas, o puede permitir que empresas evadan responsabilidad sobre decisiones laborales.

La brecha global y la urgencia de infraestructura local

El informe de la ONU es claro: Estados Unidos controla el 75 % de la potencia computacional de los clústeres avanzados de IA; China domina gran parte del resto. El resto del mundo, incluyendo el Caribe, apenas participa. Además, el 91 % de los modelos destacados de IA provienen del sector privado.A

Para Puerto Rico, esto implica una dependencia casi total de infraestructura y modelos extranjeros. “Los países que dependen de sistemas externos pueden obtener acceso a la IA, pero perdiendo el control práctico sobre sus normas, salvaguardas y adaptabilidad al contexto local”, advierte el informe.

Toledo reconoce el riesgo: “Hay países que sí están empezando desde cero… y desde un punto de vista de responsabilidad social, hay que preguntarse cómo nos comunicamos con ellos si no adoptan esta tecnología”. Aponte coincide en que Puerto Rico debe desarrollar su propio ecosistema tecnológico: “¿Por qué nosotros no desarrollamos en Puerto Rico si tenemos la capacidad profesional?”.

El rol del gobierno: regular sin frenar la innovación

Los tres entrevistados coinciden en que el gobierno debe actuar, pero no para frenar la tecnología, sino para guiarla.

Pedreira insiste en la necesidad de programas de readiestramiento: “Me temo que van a haber personas que simplemente se van a quedar atrás”.

Toledo enfatiza que la regulación debe partir del conocimiento: “Lo que yo quiero regular lo tengo que entender. Si yo no lo entiendo, no lo puedo regular”. Para él, la prioridad es educar a la población y establecer normas claras para proteger a los menores y evitar usos indebidos, como la creación de imágenes falsas o contenido sexual mediante IA.

Aponte añade que el gobierno debe exigir transparencia: “Las agencias tienen que notificar si usan o no inteligencia artificial y en qué específicamente la utilizan”. También defiende la necesidad de programas de recapacitación y de exigir responsabilidad a las empresas que sustituyan empleos mediante automatización: “Yo tengo que aportar también en algo… ¿Cuál va a ser mi contribución por esa reducción?”.

La inteligencia artificial redefine la economía global en tres dimensiones: productividad, empleo y poder. Para Puerto Rico, la pregunta no es si la IA transformará la economía, sino si el gobierno, la empresa privada y la academia podrán actuar con la rapidez y la profundidad necesarias para evitar quedar rezagados.

Pedreira lo resume con claridad: “Estamos ante una era que posiblemente es mucho más grande que la propia llegada del Internet”. Toledo añade que “hay una invitación formal al mundo a que nos preparemos”. Y Aponte advierte que la velocidad del cambio exige vigilancia constante: “Hoy evalúas lo que debiste haber hecho ayer… y cuando finalmente tomaste la decisión, ya está tarde”.

La inteligencia artificial ya está aquí. Lo que falta es la estrategia.