Redacción Ciencia, 24 mar (EFE).- La estrella gamma Cas, visible a simple vista en la constelación de Casiopea, desconcierta a los astrónomos desde hace más de medio siglo. Sus extrañas emisiones de rayos X son excesivas para una estrella ordinaria pero el telescopio XRISM acaba de resolver el misterio: Los rayos no son suyos.
Gracias a las observaciones con el telescopio japonés, un equipo internacional de astrónomos liderado por la Universidad de Lieja (Bélgica) ha descubierto que gamma Cas forma un sistema binario con otra estrella invisible, una pequeña pero densa enana blanca que la orbita y que está ‘devorando’ parte de su material estelar.
Las observaciones del telescopio, equipado con un espectrómetro de alta resolución, han permitido confirmar que los rayos X no se originan por campos magnéticos de la estrella principal, sino por el material que cae violentamente sobre su compañera invisible.
Los resultados del estudio se han publicado este martes, en la revista Astronomy & Astrophysics.
Décadas de seguimiento
Visible a simple vista en el centro de la constelación de Casiopea brilla un punto muy especial. En 1866 el astrónomo italiano Angelo Secci observó que el brillo era inusual y convirtió a la estrella en la primera de una nueva categoría, las estrellas Be, estrellas masivas que giran tan rápido que expulsan material que forma un disco a su alrededor.
En 1976, se descubrió que gammna Cas emitía rayos X cuarenta veces más luminosos que los de estrellas masivas comparables, con plasma calentado a más de 100 millones de grados y una variabilidad inusualmente rápida.
Tras dos décadas de seguimiento desde los principales observatorios espaciales, los astrónomos descubrieron que había una veintena de objetos que compartían estas mismas propiedades, eran una subclase de estrellas denominadas “análogas de gamma Cas”.
Desde entonces, los científicos propusieron varios escenarios para explicar esta emisión, “uno de ellos implicaba la reconexión magnética local entre la superficie de la estrella Be y su disco”, explica Yaël Nazé, astrónoma de la Universidad de Lieja.
Otros sugerían que los rayos X estaban vinculados a una compañera, ya fuera una estrella despojada de sus capas externas, una estrella de neutrones o una enana blanca en acreción.
Pero los astrónomos de la Universidad de Lieja no creían que fuera ninguna de esas posibilidades.
Para investigarlo, usaron ‘Resolve’, un instrumento del XRISM que proporciona espectros con una precisión inigualable y realizaron tres observaciones (en diciembre de 2024, febrero y junio de 2025), que cubrieron todo el rango del movimiento orbital del sistema binario, que tiene un periodo de 203 días.
Las observaciones permitieron clasificar a gamma Cas y sus análogas como binarias compuestas por una estrella Be más una enana blanca, una clase de sistemas que se predijo hace mucho tiempo pero que nunca se había identificado claramente, hasta ahora.
Los autores apuntan que aunque el descubrimiento resuelve una duda de décadas, obliga los científicos a replantearse cómo evolucionan los sistemas de estrellas binarias masivas porque, aunque se creía que estas parejas de estrellas eran comunes en astros pequeños, el caso de gamma-Cas demuestra que también ocurren en gigantes azul-blancas, lo que abre una nueva vía de investigación sobre la vida y muerte de las estrellas más grandes del universo.
Además, comprender la evolución de los sistemas binarios es crucial para entender, por ejemplo, las ondas gravitacionales, “ya que son precisamente las binarias masivas las que las emiten al final de sus vidas”, concluye.





