Colombia - A pesar de los controles de las autoridades de tránsito cada vez son más los jóvenes que, sin importar que arriesgan sus vidas, salen a realizar piques ilegales en las principales avenidas del país. Justamente uno de estos encuentros se viralizó y no precisamente por los motores, sino por un padre que reprendió a su hijo con correazos, cuestionable acto que sucedió minutos después que el joven se accidentara y estaba a la espera de ser atendido y llevado a un centro asistencial.
Esta escena que tiene lugar en Pitalito Huila, más exáctamente en la avenida cercana a la Universidad Surcolombiana, no solo tiene miles de vistas, también despertó un gran debate sobre las maneras en las que se debe dar una lección a un hijo. En este caso la violencia y los correazos fueron los protagonistas; un acto que desencadenó una pelea entre varios de los que veían esta escena.
Viral: Motociclista se accidenta y su padre le entra “a correazos”
“Necesitamos como 100 padres así en las vías de Bogotá”, “Ese es un papá responsable”, “Un padre que ama y se preocupa por su hijo”, “Ese señor me representa como padre”, “No es la manera de reprender a un hijo por eso hoy en día los padres terminan su vejez solos“, ”Eso es amor, es un excelente padre quien reprende, ahora que vaya como niño rebelde y se vaya de la casa“, ”Se educa con amor no con golpes“, y ”La gamineria no soluciona nada la violencia engendra más violencia“, fueron las reacciones en el clip que acumula miles de vistas en redes sociales.
¿Qué multas le pueden poner si lo cogen haciendo piques ilegales?
Correr piques en las calles de Bogotá dejó de ser un simple juego de adrenalina para convertirse en un dolor de cabeza financiero y legal. Según el Ministerio de Transporte, a los conductores “pillados” en estas carreras se les aplica sin titubeos la infracción D.07 por maniobras peligrosas.
El chiste no sale nada barato: la multa supera el millón de pesos y viene acompañada de la inmovilización del vehículo. Básicamente, quien decide pisar el acelerador a fondo en una vía pública se arriesga a ver cómo su carro o moto termina en la plataforma de una grúa mientras su licencia de conducción queda en la cuerda floja.
En Bogotá, la Secretaría de Movilidad ya le tiene el rastro a los puntos calientes de la ciudad y no está llegando sola; los operativos vienen con pesas, radares y un bloque de comparendos bajo el brazo. Si el vehículo tiene el escape modificado para que suene más duro o alteraciones mecánicas de esas que les gusta a los corredores, el comparendo se multiplica.
A esto se le suma que, una vez el carro llega a los patios, el taxímetro de la deuda no para, pues el dueño debe costear el servicio de grúa y cada noche que el vehículo pase bajo custodia del Distrito.
Lo que muchos conductores olvidan es que la tecnología hoy es el “ojo que todo lo ve”. La Secretaría ha dejado claro que no necesitan estar parados en la esquina para multar; están usando las cámaras de fotomulta y el rastreo de redes sociales para identificar a los organizadores y participantes.
Al final del día, lo que empieza como una noche de velocidad puede terminar en una cuenta bancaria en rojo y un historial de tránsito manchado, pues las autoridades están decididas a que las vías de la capital sean para movilizarse y no para jugarse la vida en un cuarto de milla ilegal.





