Ben Affleck explora el poder y los privilegios en el filme “Animals”

El actor y director y Kerry Washington hablan con el film de Netflix

Por Félix Caraballo Martínez

8 oct, 3:00 am 3 min de lectura
Ben Affleck explora el poder y los privilegios en el filme “Animals”
Ben Affleck y Kerry Washington en una escena de "Animals".

“Hay gente trabajadora, decente y respetuosa de la ley que ha visto sus vidas afectadas negativamente de una manera increíblemente profunda”.

La contundente reflexión de Ben Affleck resume la vértebra social de Animals, el nuevo thriller de Netflix que utiliza el secuestro de un niño como detonante de una historia sobre poder, privilegio, inmigración, secretos familiares y las decisiones que tomamos cuando quienes gobiernan parecen tener nuestras vidas en sus manos.

Dirigida y coescrita por Affleck, Animals que estrena mañana en la plataforma de streaming, sigue a Mark Kimball (Affleck), un candidato a la alcaldía de Los Ángeles, y a su esposa Abigail (Kerry Washington), cuyo mundo aparentemente perfecto se desmorona cuando su hijo es secuestrado. Mientras intentan reunir el dinero del rescate, ambos quedan atrapados en una red de secretos y decisiones morales que amenaza con destruir la imagen de familia ideal que han construido. El resultado es un thriller tenso que utiliza el suspenso para explorar las profundas desigualdades sociales de una ciudad tan diversa como Los Ángeles. En conversación exclusiva con Metro Puerto Rico en Los Ángeles, Affleck y Washington hablaron sobre esta propuesta que coloca a la familia en el centro de una tormenta política y social.

Para Washington, trabajar bajo la dirección de Affleck significó formar parte de un proceso creativo particularmente colaborativo. “Siento que Ben podría dar una clase sobre cómo colaborar como director”, afirma la actriz, quien destaca que el cineasta “realmente te invita a poner tu talento al servicio del proyecto, y no solamente a los actores, sino a cada miembro del equipo”. Esa dinámica fue especialmente importante en una de las escenas más intensas de la película, una conversación entre Abigail y Mark que termina siendo determinante para las decisiones del protagonista.

Washington revela que la secuencia incluso fue rodada nuevamente. “Hablamos mucho sobre esa escena. De hecho, fue una repetición de una escena que habíamos filmado de una manera y luego volvimos al laboratorio; él me envió nuevas páginas y trabajamos juntos en ellas”, explica. La colaboración permitió preservar la fuerza de Abigail, un personaje cuya voz adquiere un peso decisivo dentro de una historia dominada por hombres, poder y política.

Pero Animals también hunde sus garras en una realidad mucho más cercana: la situación de las comunidades inmigrantes en Estados Unidos. Affleck recuerda que las circunstancias relacionadas con la aplicación de las leyes migratorias cambiaron mientras filmaban en Los Ángeles. “El mundo entero, o ciertamente las leyes y la manera en que se estaban aplicando las leyes en Estados Unidos, cambiaron radicalmente”, señala.

Para el cineasta, cuya carrera como director cuenta con grandes propuestas como Gone Baby Gone, The Town, Argo y Air, esa experiencia reforzó una de las ideas fundamentales de Animals: la imagen de una ciudad puede ocultar realidades completamente distintas. “La gente ve Los Ángeles como una ciudad, pero la verdad es que son muchas ciudades y muchas culturas”, sostiene. El filme utiliza esa fragmentación para cuestionar la manera en que distintas clases sociales conviven, y muchas veces permanecen invisibles ante otras, dentro de la misma ciudad.

Affleck apunta directamente a una de ellas: la manera en que sectores privilegiados pueden considerar parte de su familia a trabajadores inmigrantes sin necesariamente conocer las dificultades que enfrentan. “Una de las mentiras que a la gente le gusta contar es: ‘Esta es mi empleada doméstica, somos como una familia’, pero no quieren pensar en el viaje en autobús, dónde vive esa persona o cuáles son sus circunstancias de vida”, afirma.

Ahí reside buena parte de la fortaleza del filme: el secuestro funciona como detonante de un thriller, pero la verdadera tensión surge cuando las apariencias comienzan a quebrarse. La película habla de política, inmigración y desigualdad sin abandonar su corazón familiar. Porque cuando desaparecen los privilegios y las máscaras públicas, queda una pregunta inquietante: ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para proteger a nuestra familia cuando las reglas dejan de protegernos a nosotros?

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